Lost Lamb - Capítulo 1

✨Primera parte: Ilusión✨

✨🕯️✨


I


La Abadía de Santiago es una edificación de extrema belleza, una construcción enorme constituida por varias alas y secciones. Está dividida en el área de seminaristas y el claustro para novicias. Dicha construcción incluye jardines con arbustos y enredaderas por todos lados, con esculturas de piedra en óptimas condiciones y por dónde solía transitar bastante gente, varios salones, bibliotecas y desde luego dormitorios individuales. La impresión que siempre daba esta edificación de piedra era: de extrema solemnidad e imponencia. Muchos decían que era como visitar el palacio de Dios en la tierra.

Desde luego la primera impresión de Choso no era distinta, concordaba en los dos adjetivos pero añadiría algo más: no había ninguna otra edificación que se le comparara, ni siquiera las anteriores abadías o fortalezas en donde habitó los primeros años de su camino como seminarista le llegaban a los talones. La Abadía de Santiago era la última morada, allí sólo llegaban los seminaristas en la recta final, quienes habían pasado todas las pruebas y mantenían en alto su fe por sobre todas las cosas. En este punto todo deseo carnal y mundano debía haber dejado la mente de cualquiera. Tanto hombres como mujeres estaban en el proceso de noviciado, su entrega era tal que ya se consideraban comprometidos en matrimonio con Dios. No muchos llegaban aquí, se necesitaba de gran convicción para tomar los votos solemnes: pobreza, castidad y obediencia.

Por rumores de compañeros Choso supo que esta abadía en específico solía ser diferente o más bien especial. Algunos sacerdotes, incluso sumamente entregados, solían desertar. Se decía que en los pasillos, en los jardines, al igual que Jesús fue tentado en el desierto por el diablo los seminaristas solían ser puestos a prueba de la misma forma.

Sobre ello Choso preguntó al obispo Gakuganji, quien era su tutor en ese momento y responsable de que Choso hubiera llegado a la abadía. Su respuesta fue simple: se rió y enseguida contestó.

—Son tonterías. ¿Quién te lo ha dicho? —tras reír procedió a lucir molesto—. Hmm ya sé, seguro fue él… seguro que sí pues sólo un sacerdote exorcista puede decir tantas estupideces. No, Choso, aquí no hay ese tipo de cosas parte de la brujería. He pasado casi toda mi vida aquí y no he visto nada, absolutamente nada. Es un campo protegido por Dios nadie podría tentarte o lastimarte. ¿Por qué hablas con él? Entiendo que es joven como tú pero no es el más cuerdo, después de todo ¿cómo puedes creerle a alguien que dice tener un pacto con un ángel? Es absurdo.

Choso evitó decir unas cuántas palabras más. No podía decir que se equivocaba en lo primero, sí… Kento Nanami le había advertido sobre La Abadía de Santiago, pero no fue de quien escuchó los rumores sino de todos los seminaristas. Específicamente él dijo:

—No dejes que te manden allí, es opcional. Deja que te manden conmigo, te presentaré con alguien que puede instruirte mejor. Te puedo mandar también al Claustro de Santa Teresa, puedes concluir tus estudios allí con normalidad. Si vas a la abadía me temo que no sería tan buena decisión.

También era cierto que era un sacerdote exorcista y que no todos parecían de acuerdo con su profesión, pero también era cierto, que su entrega para proteger y ayudar a otros era incuestionable. Pero… no se podía negar que era un tanto extraño, solía… hablar solo y si se le cuestionaba contestaba: “me disculpa, tengo una conversación importante con él… le enoja que lo interrumpan, es caprichoso”. Y eso no ayudaba a los rumores sobre su locura tras su “pacto con un ángel”. Además ¿no Gakuganji como sacerdote se contradecía? ¿Por qué no creer en las pruebas divinas? ¿No era eso llevarle la contraria a Dios y negar sus intervenciones?

Como fuera… Choso decidió que lo mejor era no darle tantas vueltas y tomar las advertencias como simples metáforas pues sus últimos estudios de teología no serían simples… la verdad es que muchos desertaban por ello. Choso atribuyó la deserción a falta de disciplina y entrega y no a otro tipo de situaciones. No tendría mayor problema pues disciplina y convicción Choso las tenía desde luego, desde niño, desde su estadía en aquel orfanato supo que su camino era servir a Dios y no sólo a éste sino también ayudar a las personas. Ahora estaba a unos meses de culminar su seminario y por fin dedicarse al sacerdocio.

Los dormitorios eran cómodos y también las estancias, al menos para el otoño en que llegó. La biblioteca era su lugar favorito pues había un silencio inigualable. La primera noche también fue agradable salvo por unos percances que casi le quitan el sueño: ruidos extraños que atribuyó a que las paredes fueran delgadas y escuchara a sus compañeros, todo lo demás era maravilloso. Incluso si Gakuganji le pedía quedarse en la abadía por un tiempo tras ser sacerdote ¡lo haría!

Choso estaba maravillado con todo, casi podía por un momento dejar de lado su idea de refugiarse en una iglesia de alguna pequeña comunidad con tal de quedarse allí… eso era una decisión un poco extraña y precipitada pues lo apartaba de su meta pero estaba bien… tal vez era el “llamado de Dios”, era el llamado a admirar siempre todas las estatuas de la abadía, sobre todo la figura de la Virgen María que tenía en brazos un pequeño cordero dispuesta en un jardín solitario pero hermoso donde, a pesar de la estación, siempre lucía verde y recién regado.

Esa escultura desde su punto de vista era la mejor. La primera vez que la vio de inmediato caminó hacia ella para admirarla. El trabajo era excepcional. Era la única estatua en ese pequeño jardín rodeado de todo tipo de vegetación y flores siempre vivas y radiantes. El artista que seguro había confeccionado aquella obra en piedra le había hecho tal detalle al punto de considerarlo imposible.

Si bien la abadía tenía múltiples imágenes religiosas famosas dentro de la capilla, como un cristo de tamaño grande llamado “el de los laureles” y una Virgen María expresando eterno dolor, Choso consideraba a esta escultura mucho más hermosa. Aquella virgen de piedra lucía un vestido sencillo pues todo el protagonismo se lo llevaba el manto sobre su cabeza que caía con gracia marcando cada pliegue con exactitud para expresar su suavidad. Estaba a su vez plagado de estrellas, algunas grandes otras diminutas, y si te acercabas podías ver el entramado de la tela tanto en el vestido como en el manto. Aquella escultura estaba hincada en una base de mármol grisáceo y sobre sus brazos cargaba un pequeño cordero y este no se quedaba atrás en cuanto a perfección. El detalle en el pelaje del animal era exacto. Seguro al artista le había tomado horas lograr el efecto, sin mencionar que los ojos de cada uno de esos personajes expresaban calma.

La virgen a pesar de estar hincada tenía la vista siempre hacia abajo para encontrarse con quien fuera que viniera por aquel pasillo. Y no, su expresión no era de sufrimiento o llanto sino… dulzura total como sí tuviera ante ella a alguien que amara de una forma pura.

Choso pensaba que era arte muy elevado podía pasar horas y horas mirando aquella escultura y encontraría muchos detalles nuevos.

🐑

Como todas las tardes tras sus labores se sentó en una banca a contemplarla… a saludarla, a contarle su día con detalle y emoción tal como si le contara a alguien real… sólo que esa tarde fue un tanto extraña.

Ese jardín era poco transitado. Cuando Kento Nanami pasó por uno de los pasillos vio su silueta en aquella banca.

—No… no lo molestaré, tal vez está ocupado… no insistas más.

Murmuró, acomodó sus lentes circulares y continuó su camino pues iba a ver a alguien más. Pasó más tarde por ese pasillo, tarde al ocaso, frenó de golpe y vio de nuevo en aquella dirección. Frunció el entrecejo y después frunció sus labios.

—Deja de decirme “te lo dije” estoy harto de eso… eres molesto. Permíteme por favor.

Y ahora se dirigió hasta donde estaba Choso. Confirmó… él estaba viendo fijamente aquella estatua que pronto Nanami también observó por un momento y luego volvió a Choso. Era como si se hubiera quedado congelado en el tiempo sólo observando. Nanami tocó su hombro y pudo traerlo de regreso. Choso se puso de pie de inmediato y saludó con amabilidad.

—¿Cuándo llegaste? ¿Qué tal te fue en tu viaje?

—Bien… llegué en la mañana —volvió a ver la estatua.

—¿No es bella? —le dijo Choso con emoción—. El detalle es muy preciso, puedo ver incluso la textura de la piel de las manos. Hoy descubrí eso… ayer descubrí que tiene marcados unos encantadores hoyuelos en sus comisuras. Muy realista.

—Es interesante, tienes razón y… ¿cómo se llama?

—Amm yo creo que es la Virgen María… tiene la estética de una virgen y tendría que ser ella. Pero no hay una placa que me lo compruebe.

—Sí, tienes razón, tiene el manto y por el tratamiento de la obra puede tratarse de ella… aunque el autor olvidó su aureola o su corona en todo caso.

—Tal vez fue difícil de plasmar en piedra.

Nanami lo dudaba pues si el autor había plasmado tanto detalle una simple aureola no sería difícil. Pero desdeñó porque bueno ¿quién no tendría flojera de ello? Además ¿quién era él para juzgar la representación subjetiva de una virgen?

—¿Vienes a cenar? 

—¿Cenar?

—Sí… es hora de cenar. ¿Quieres escuchar como nos fue?

—Amm… —en parte estaba confundido porque el tiempo había pasado muy rápido y también le era incómodo decirle a Nanami que el obispo le había prohibido hablarle.

—¿Desde cuándo estás aquí?

—No… no lo sé yo…

—Vamos, tienes que comer algo… —dio un largo suspiro.

Tras la cena Nanami habló.

—Te conozco desde que estaba en el seminario… sé por tu primer tutor sobre tu historia. Y te recomendé para que entraras a la misma oficina donde estoy. Incluso podría mandarte al Claustro de Santa Teresa. Allí estuve un tiempo, es muy bonito. O también podrías ir a la catedral donde estoy.

—Gracias… pero no parece ser mi camino. Creo que me he decidido… ¿Tú dijiste que en tu estadía aquí recibiste “el llamado” ¿verdad?

—Sí… bueno —no recordaba haberlo contado pero con los rumores todo mundo lo sabía— sí así lo quieres llamar está bien.

—Creo que he experimentado el mío. Quiero quedarme aquí. La abadía es hermosa y muy tranquila. Incluso podría quedarme aquí como profesor.

—No parecía ser tu meta… —se notaba su duda por su decisión— de igual forma tienes mi apoyo. Y no olvides que sigue en pie mi oferta. Es de sabios cambiar de opinión. No te sientas presionado por Gakuganji, no dejes que te comprometa a este lugar. Ah y… si percibes cualquier cosa rara ten la confianza de decirlo, yo si voy a creerte.

Choso no quiso decirle que no creía en su cuento, aun lo respetaba como amigo. Lo conoció antes de “su pacto con el ángel”, siempre le tuvo mucho respeto al punto de que si bien tenían la misma edad él no podía llamarlo por su nombre.

Al día siguiente supo que Nanami había partido a su respectiva ciudad, esperando a sí volvían a llamarlo por cualquier situación y él continuó con su rutina… misma rutina que decantaba en ver aquella escultura.

No habría problema… no… si tan sólo no estuviera perdiendo demasiado tiempo. Aun así se detenía a platicar.

—¿Recuerdas que alguien vino cuando estaba contigo? Su nombre es Kento Nanami. Se podría decir que es mi superior aunque curiosamente tengamos la misma edad. Yo lo trato como tal aunque él hace poco me pidió tratarlo como amigo. No puedo hacer eso, no está bien de mi parte porque hay cierta distancia que pongo yo, distancia no porque me desagrade ¡no! En realidad es todo lo contrario. Es distancia por respeto. Yo lo respeto demasiado, siempre fue sumamente disciplinado incluso cuando íbamos al mismo seminario. Yo admiro su entrega a Dios ¡es incondicional! Eso hizo que avanzara más rápido que cualquiera. Siempre tuvo clara su vocación… bueno al inicio lo tenía claro aunque cambió abruptamente cuando llegó a su último año. De igual forma sigue siendo alguien de fe y entrega incuestionable. Mi admiración es tal que no puedo tratarlo como amigo porque no somos iguales, claramente yo… —sonrió con amargura— yo no soy del todo un buen siervo pero hago mi más grande esfuerzo porque quiero demostrarle a Dios cuánto lo venero y cuánto le estoy agradecido.

Tras tres días él seguía visitando a la virgen y al tercer día él se dio cuenta de que había anochecido mientras la veía. Desde luego le pareció extraño, él juraba que cuando había llegado allí era de tarde y faltaban horas para que el sol se ocultara. Ahora se había perdido la cena y tuvo que regresar a su habitación en casi la penumbra.

El cuarto día fue igual, había perdido varias horas viendo fijamente la escultura tras hablarle como a una vieja amiga. Ya comenzaba a sentirse extraño mientras recorría los pasillos a su habitación, ¡pasillos que habían cambiado por completo en la noche! Ahora eran lúgubres y solitarios. Con la poca luz de los faroles Choso percibía sombras con el rabillo del ojo que desdeñó pronto, pues solo eran un efecto de su visión cansada. Pero también percibía ruido. El silencio de los pasillos traía consigo el eco de pisadas.

Primero lo atribuyó a que alguien venía en su dirección, tarde o temprano lo alcanzaría por lo que se hizo aún lado para dejarle pasar. Los pasos, al inicio eran tímidos, enseguida marcaban ritmo y más tarde fueron más sonoros cómo si la persona se quisiera hacer notar; pero eran también peculiares pues no se trataba del sonido de la suela de un zapato sino del caminar de alguien descalzo. El sonido de las plantas de los pies era cada vez más marcado y Choso sentía su piel erizarse de forma extraña. Poco a poco, y escalando por todo su cuerpo, esa sensación de miedo lo invadió y en una fracción de un segundo cambió a auténtico terror. Casi podía sentir a la segunda persona cerca de su espalda, a nada de mirarlo fijamente.

Desde luego al darse la vuelta no hubo nada más que la espesa oscuridad del pasillo y lo que parecía ser una silueta muy al fondo, pero bien podría ser alguna estatua. Choso volvió a dar la vuelta y a desdeñar lo acontecido pues era simplemente absurdo.

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© 2023 ZAnka— queda prohibido modificar, plagiar, robar o repostear sin autorización este trabajo.

Lost Lamb

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Fanfic - Jujutsu Kaisen

Status: En emisión

Language: Spanish

Genre: Drama; Horror; Terror; Terror psicológico; AU- Priests; Drama religioso; Blasfemia;

Ship principal: Choso x Hiromi Higuruma

Otros personajes: Kento Nanami; Suguru Geto; Yu Haibara; Utahime Iori; Yuki Tsukumo

Sumary: Choso se encuentra en la última etapa de su camino para convertirse en sacerdote. Su motivación siempre ha sido asistir a otros y ayudarlos. Es invitado a quedarse en una importante abadía pero este lugar no es lo que aparenta de día; existen los rumores de que en ese lugar muchos seminaristas y novicias han recibido “el llamado” y su vida en el clero cambia radicalmente hasta el punto de que cada uno lleva su propio tormento cómo prueba de fe.

WARNINGS:

  • Las edades de los personajes han sido modificadas
  • Este fic tiene contenido explicito +18. Además de tener escenas perturbadoras, descripciones violentas y blasfemias. El autor no es religioso. Favor de leer la nota del inicio.

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Mr. Brightside - Capítulo 10

✨Sleeping with ghosts✨


Jueves

 Nanami había salido de casa después de que su padre le dijera que volviera temprano porque quería llevarlo a algún lugar. Ahora estaba intrigado por tantos cambios en la actitud de su padre. Es que la verdad… lo hacía feliz. Estaba llegando a la escuela y claro que escuchó a aquel fulano gritando su nombre. ¡Pero qué le sucedía! Nanami estaba de verdad harto desapareció lo más rápido que pudo.

Satoru dejó de correr.

—Creo que piensa que soy su nuevo bully…

Atrás de él estaban Geto y Shoko. Él primero habló.

—Tan diferente no eres te la pasas acosándolo. Ya deja al pobre en paz.

Satoru se volteó y le sacó la lengua, luego caminaron a los casilleros. Cuando Geto abrió el suyo al lado de Satoru algo cayó a sus pies, era un sobre de papel. Satoru también lo había visto caer tan lentamente al suelo como si fuera una pluma. Ambos se miraron después con curiosidad. Geto lo levantó, el sobre tenía su nombre en una bonita letra cursiva y un corazón uniendo la punta del sobre. Satoru y Shoko se acercaron con curiosidad. Ella habló:

—Woah mira eso Satoru… ¿es lo que creo que es?

Geto preguntó: “¿qué?”

—¿Cómo que “qué”? Una carta de amor para ti.

De inmediato Geto volteó a ver a Satoru enojado.

—¡Deja de hacerme este tipo de bromas!

Satoru le hizo ojitos.

—Sugu… pero no me trates así le puse mucho esfuerzo a mi caligrafía.

Ah… Geto volvió a ver el sobre por la letra tan bonita con la que habían escrito su nombre no se trataba de una broma de Satoru él… solía tener una letra muy fea. Entonces no quedaba otra opción, alguien había dejado en su casillero una carta. De acuerdo eso… lo puso nervioso como quiera que fuera.

—¿Vas a abrirla? —le preguntó Shoko.

—Hmmm… después —la metió en su mochila.

Satoru comenzó a adularlo.

—¡Por primera vez tienes una admiradora secreta! Asombroso eso es bonito. ¡Mira yo guardo todas las cartas y cosas que me dan mis admiradoras!

Los dos se asomaron al casillero de Satoru, dentro había ositos de peluche chiquitos, cajas ya vacías de chocolates y en específico una caja con cartas y declaraciones de amor. Claro que iba a tener tantas admiradoras si era guapo y además deportista, las chicas que iban a los partidos de baloncesto iban por él. Geto lo miró con molestia, le estaba restregando en cara que él sólo había conseguido una.

—Presumido. Pero te aseguro que esta carta está hecha con más amor que las tuyas.

—¡Eh! —la mirada de Satoru se ensombreció y habló con seriedad— ¡con mis chiquitas no te metas! Es mi deber como su ídolo defender su amor incondicional y no correspondido.

Shoko sólo los vio discutir mejor guardaba la caja con propuestas que excedían las de Satoru.

Fueron a clases y cuando fue hora del almuerzo Satoru les pidió que corrieran pues esta vez estaba casi seguro de que invitaría a Nanami a comer con ellos. Llegaron al salón de clases de los de primero pero Satoru no vio a Nanami, quien por suerte había escapado a tiempo. Volvieron a la azotea, Satoru no estaba muy feliz, no había visto a Nanami más que al llegar. Mientras se comía su almuerzo enojado Geto ya había acabado y estaba de pie recargado en el barandal leyendo con atención la carta que le habían escrito. Shoko golpeó el hombro de Satoru para que se diera cuenta de lo que pasaba y a la vez le pidió que se callara al menos hasta que Geto terminara de leer.

Geto dobló la carta y la volvió a meter en el sobre, esa era la señal de acción para los otros dos y Shoko mandó a Satoru a la vanguardia.

—¿Dijo que le gustan tus ojos rasgaditos? —le hizo ojitos. Lo secundó Shoko.

—¿Dijo que le gustan tus expansiones o que luces rudo?

—¡Y a ustedes qué les importa! —gritó y se sonrojó y después de un momento volvió a retomar— dijo ambas cosas…

Shoko y Satoru dijeron: “awww”

—¿Nos dejas leer? —dijo Satoru.

—¡No! Esta carta es para mí y no creo que sea bonito para ella que esté mostrando algo tan íntimo.

—¿Entonces quién es? —preguntó Shoko después de encender un cigarro.

—Amm… no lo sé, no dice. Sólo dice que le gusto, que quisiera que le diera una oportunidad para que seamos amigos.

—Vaya esa chica va con todo —completó— pero cómo vas a darle una oportunidad si no te ha dicho ni su nombre.

—Eso es cierto. Pues supongo que ya me lo dirá. Yo no puedo hacerle saber que he leído su carta…

—Seguro ya lo sabe. Y entonces Suguru ¿sí le darías una oportunidad?

—¡¿Y si es fea?! —dijo Satoru y Shoko le dio un golpe.

—¡Qué importa eso! Eres muy estúpido.

Geto levantó los hombros como respuesta.

—No seré grosero pero no estoy seguro de que vaya haber algo entre nosotros cuando ni siquiera sé quién es.

Bueno sólo quedaba esperar. Cambió de tema.

—¿Sabían que ahora hay un rumor de que hay un fantasma en el aula de música? Tal vez alguien nos escuchó hablando de eso y ahora… toda la escuela lo sabe.

Satoru no quiso decir que ahora ya sabía que no se trataba de un fantasma… le parecía gracioso que ahora se creyera eso, le dio un sorbo a su jugo. Mientras tanto Geto volvía a guardar la carta en su mochila, aunque quisiera negarlo eso le había provocado cierto bochorno y en clase prefería pensar en eso que ayudarle a Satoru a lidiar con Utahime quien le gritaba por cualquier estupidez. Shoko la verdad es que ya intuía quién estaba detrás de su amigo, más bien porque Mei Mei le había preguntado con anterioridad en nombre de alguien si ella y Geto salían. Shoko no pudo evitar reírse y decir que sólo eran muy buenos amigos y esa era la verdad. No tardó mucho tiempo para que Mei Mei fuera enviada de nuevo, a cambio de dinero, por una amiga de Utahime para hacerle preguntas a Satoru. Utahime estaba furiosa y en conflicto por lo que pasaba.

—Hey Gojo —Mei Mei llamó su atención. Él levantó su cara, su cachete estaba rojo después de la bofetada que le había dado Utahime— quiero hacerte unas preguntas.

—No me tiño el cabello, mis ojos sí son de este color, no te diré cuánto me mide, me gustan los chocolates, uso lentes porque el sol me lastima y no… no estoy enfermo así es mi color de piel.

—No era sobre eso. Una amiga me pagó… —mostró el dinero— para preguntarte si tienes novia.

—¡¿Eh?! —Satoru frunció la nariz. Geto había escuchado la pregunta y ahora ponía atención— pues no, no tengo —se sentía confundido.

—¿De verdad? qué raro… eso no concuerda con tu actitud. Te la pasas faltando a entrenamientos y creíamos que ya tenías una novia en quien ocupar tu tiempo.

—¡Pues no! —eso fastidió a Satoru— y si sólo venías a burlarte largo de aquí.

—¡No! No era burla. ¿Y alguien te gusta? Dime, alguna chica.

—¡No, nadie! Déjame en paz —y no mentía pero nadie le creía.

Mei Mei terminó con las dos simples preguntas. Alejada del salón se lo hizo saber a Utahime en contra de su voluntad. Ella regresó bajo la excusa de que llevaría a Satoru al entrenamiento y… él ya no estaba. Estalló en furia, ahora tenía que buscarlo por toda la escuela, aunque claro, no se le ocurrió nunca que había ido a la máquina expendedora a comprar dos refrescos y regresar al aula de música para ver por la pequeña ventanita el ensayo de la orquesta. Cuando éste terminó bajó las escaleras y esperó.

 Mientras Nanami guardaba sus cosas escuchó a algunos de los compañeros cuchichear sin que la profesora se diera cuenta.

—¿Ya escucharon que hay un fantasma en esta aula?

—Sí, dicen que va tocando los instrumentos cuando ya no hay nadie. Me causa escalofríos.

—¡Dicen que se trata del fantasma de una mujer que murió aquí ahorcada!

Nanami frunció la nariz, miró a su alrededor, eso no podía ser posible. Todos dejaron el salón y él fue el único valiente en quedarse. Mientras la profesora Tsukumo bajaba las escaleras miró a Satoru y le habló.

—Gojo siempre te veo aquí. ¿Quieres pasar a escuchar a la orquesta?

—¿Puedo hacer eso?

—Claro… no puedo invitarte a unirte el profesor Yaga se enfadaría mucho si robo tu atención de los entrenamientos. Bueno el ensayo terminó… ¿Esperas a alguien?

—Sí…

—¿A Nanami? Es el único allá arriba, no sabía que tú y él fueran amigos. ¡Qué bueno me alegra mucho!

—Ah… no realmente, sólo quiero aclarar un mal entendido.

Tampoco lo delataría, aunque desde luego la mayoría de los profesores sabían que Nanami se quedaba en el salón a practicar. Cuando ella se fue Satoru esperó a escuchar el sonido de la guitarra y a las primeras notas subió de inmediato, abrió la puerta y observó. Allí estaba Nanami tocando las primeras notas de Paradise City de corrido pues ya las había memorizado casi por completo. Satoru no se atrevió a molestarlo aunque había traído un refresco para él, sonrió y puso atención a sus dedos, trataba de descifrar cómo funcionaba ese instrumento. 

Él era ajeno a la música no le había llamado la atención nunca, sí escuchaba música pero… no tocaba instrumentos. Ahora que veía a alguien que tocaba con tanta pasión no podía evitar tener interés y comprendía que lo que quería era aprender más de ese pasatiempo. Lo que no sabía era si ese deseo se había despertado porque a Nanami le gustaba ese pasatiempo o le interesaba entablar una amistad con él para que lo adentrara al mundo de la música. Nanami detuvo su práctica curiosamente se sentía incómodo quizás sí había un fantasma en esa habitación. Entonces habló a la nada.

—Si estás allí sólo no me molestes y escucha, tal vez te traiga un poco de paz. Disculpa si no es lo mejor.

Satoru sin querer tuvo un pequeño infarto ¿se lo había dicho a él? ¿Ya lo había visto? Pero si no había hecho ni un sólo ruido. Bueno atendería… pero ¿esa era una petición para que pasara? Puso un pie dentro de la habitación pero no avanzó más. Ahora escuchaba Like a Stone y sonreía. Esperó a que Nanami terminara de ensayar y al ver que no continuaría aplaudió.

Nanami de un salto se puso de pie y dio la vuelta: “¡El fantasma aplaude!” fue lo primero que pensó pero luego vio a ese sujeto castroso y su susto pasó a ser furia.

—¡Asombroso! Lo haces muy bien. ¡Hola!

—¡¿Qué demonios quieres de mí?! —le gritó dejando a Satoru congelado— Me sigues a todas partes, ya estoy harto —se despojó de la guitarra y la puso en su base—. Quieres que resolvamos esto de una vez. Bien vamos al pasillo y te voy a golpear.

Satoru se alarmó.

—¿Golpearme? ¡No! Por favor no me pegues. ¡Qué violento eres! Yo no quiero una pelea contigo.

Nanami se detuvo.

—¿Entonces qué es lo que quieres? Me sigues a todas partes, dijiste que eras amigo de los imbéciles esos, ¿para qué otra cosa me buscarías?

—Para darte un refresco y platicar.

Nanami bajó sus manos, no pudo seguir gritando… ¿Un refresco? ¿Pla-ticar? No entendía.

—Hubo un malentendido y Suguru dice que fue mi culpa. Voy a comenzar de nuevo. Hola, Nanami… te atrapé. Mi nombre es Satoru Gojo voy en segundo, no soy realmente amigo de los bully, te traje un refresco ¡mira está cerrado no tiene nada! —lo extendió y sonrió, su sonrisa era la única forma que encontraba de ser agradable y no parecía funcionar en Nanami, él tenía que pensarlo un momento y después se acercó con cautela, tomó el refresco y volvió a alejarse.

—Gracias. ¿Cómo sabes mi nombre?

—Lo pregunté a unas chicas de tu salón —de verdad había ido a hacer eso ¡qué vergüenza!— y bueno aclarado todo esto quiero decirte que: te atrapé, sé tu secreto.

El tono burlón con el que lo decía hizo enojar a Nanami.

—Sabía que venías a extorsionarme. Qué carajos sabes de mí.

—¡Qué tú eres el fantasma del aula de música! Yo mismo lo he descubierto, así es, porque desde hace unos días veo que tocas la guitarra aquí.

¿Desde hace unos días? ¡¿Había estado viéndolo desde la puerta todos esos días?! Nanami no pudo evitar sentir vergüenza, no le molestaba que lo vieran tocar pero… que alguien estuviera viéndolo furtivamente le generaba… vergüenza y miedo. Se alejó de Satoru.

—De acuerdo… aléjate de mí —apagó el amplificador.

—¿Por qué? Creí que ahora éramos amigos, ¡te di un refresco!

—¡No! No somos amigos.

Salió del aula y Satoru fue detrás de él, afuera mientras Nanami cerraba la puerta Satoru volvió a preguntarle por qué pero ya no contestó. En todo el camino incluso al aula de profesores fue preguntando incansablemente por qué hasta que lo hartó. En la entrada de la escuela Nanami le gritó:

—¡No somos amigos, no quiero ser tu amigo, deja de seguirme! 

Se dio la media vuelta y se fue. Satoru se quedó allí de pie sin entender por qué alguien no quisiera ser su amigo. Desde las jardineras Shoko y Geto lo veían.

—¡Le rompió su corazón! —dijo Shoko.

—Yo le dije que lo dejara en paz.

Le hablaron para reconfortarlo si es que estaba triste pero… no lo estaba su cerebro quizás no lo procesaba.


🎸


Nanami llegó a casa aún molesto por lo que había pasado y más molesto se puso cuando vio que traía el refresco que le había dado. Pero ¡qué carajos pasaba con ese sujeto! Qué raro era. Estaba seguro de que no le había puesto nada a la bebida y que de verdad quería ser su amigo pero… suspiró… Nanami no quería más amigos mucho menos a alguien tan llamativo como él. Tenerlo a su lado sin duda haría que todos lo miraran.

Su padre llegó a casa y le pidió que lo acompañara al centro de la ciudad a hacer unas compras. Subieron al auto y para sorpresa de Nanami, luego de hacer las compras, su padre lo llevó a una tienda de instrumentos en el segundo piso de un edificio. ¿Qué estaba pasando? No se atrevió a preguntar pero su padre no se había equivocado de tienda y llegaba hasta el mostrador donde estaba un tipo bastante fornido, de cabello negro, que vestía una camiseta negra y tenía una cicatriz en la boca, se veía que si le pedías la hora podía soltarte un puñetazo pero su padre le habló con normalidad.

—Hola señor Fushiguro. Fracasé en la misión así que mejor le traje a mi hijo.

Un día antes el padre de Nanami había entrado a esa tienda buscando en efecto una guitarra para su hijo pero… se encontró con las preguntas del señor Fushiguro sobre qué tipo de guitarra buscaba, para qué estilo de música, etc. cosas que el papá de Nanami no entendía y como el dueño de la tienda notó que no entendía de eso lo mandó de regreso con la misión de preguntarle a su hijo qué tipo de música le gustaba pero… no era capaz de preguntarlo directamente.

Nanami estaba desconcertado ¿De verdad iba a comprarle una guitarra? ¿Tenía idea de lo que costaban esas cosas? Luego lo incomodó la mirada del vendedor quien parecía juzgarlo. Nanami pensó ¿por qué siquiera tenía que importarle lo que pensara ese sujeto? El vendedor les pidió que lo siguieran y mientras caminaban el hombre le preguntó a Nanami directamente.

—¿Quieres aprender? ¿Es la primera vez que estás frente a una guitarra?

—No… yo suelo practicar con una Gibson Les Paul que hay en la escuela. Toco la guitarra acústica para la orquesta de la escuela.

—Novato no eres. Bien, en ese caso supongo que te presentaré a las señoritas.

Esa frase no le agradaba a Nanami, no frente a su padre, pero cuando estuvo ante los estantes con las guitarras escuchó con atención nombres de marcas y modelos, desde las más famosas hasta las poco comunes y luego el vendedor le preguntó:

—¿Qué música te gusta? Sólo cita bandas aquí nadie te juzgará.

—Amm… me gusta Audioslave, Soundgarden, Red Hot Chili Peppers, Black Sabbath…

—Comprendo, me gustan también, aunque mi fuerte es el metal. Entonces te presento a “Barbara” Fender Stratocaster; a “Regina” Ibanez JEM; a “Lupita” Ibanez Semi-acústica, “Adelaida” Gibson Les Paul y “Violeta” Gibson Sg en este color blanco que nos acaba de llegar. Tómate la libertad de probar la que quieras.

No lo dijo dos veces Nanami se puso cada una y después de que el vendedor las conectara al amplificador probó la primera de ellas entonando las notas que sabía de Paranoid de Black Sabbath. El vendedor levantó las cejas había subestimado al chico, sí sabía tocar la guitarra. Incluso el padre de Nanami comprendió que eso era un pasatiempo importante para su hijo y no dudó más, compraría la que él quisiera. Después de probar cada una… llegó “Violeta” y fue técnicamente amor a primer rasgueo. A Nanami no le gustaba ese romanticismo por las guitarras al nivel de llamarlas “chicas” pero debía admitir que “Violeta” le agradaba demasiado aunque no el precio.

Después de probarlas se acercó a su padre y le fue sincero.

—Gracias de verdad pero es demasiado dinero, será mejor que lo ahorres para otra cosa.

—¿Cuál te gustó? —se limitó a preguntar y a presionarlo para contestar.

—Violeta… —la señaló.

—Bien. Señor Fushiguro… quisiera un amplificador para esa.

Él asintió y le mostró los más básicos que tenía y cuando menos lo esperaba Nanami estaba frente a un estante para buscar una correa para sostenerla. Eligió una color amarillo con motas negras que de lejos parecían ser las manchas de un leopardo. Compraron un estuche y Nanami ya iba de camino a casa con su regalo adelantado de navidad. Al llegar no pudo evitarlo, subió a su habitación con todo y se sentó en su cama a practicar hasta que su padre lo llamó para cenar.

—Gracias.

—No te preocupes más por el dinero, Kento. Me alegra que te haya gustado, iré a dormir. Te amo.

—Yo a ti —lo dejó ir y él se sentía sumamente feliz.

✨🎸✨

Nota: Hasta aquí los 10 primeros capítulos de Mr. B, si deseas seguir leyendo el fic está disponible en Ao3 y Wattpad.

Dejo mi Twitter: @ Lic_d_chocolate

Muchas gracias por leer <3

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🎶Canción de referencia: Sleeping with ghosts - Placebo



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© 2022 ZAnka— queda prohibido modificar, plagiar, robar o repostear sin autorización este trabajo.

Mr. Brightside - Capítulo 9

✨Knockin’ on heaven’s doors✨


Miércoles

Satoru aún dormía cuando su madre entró a su cuarto para gritarle que se le hacía tarde para ir a la escuela.

—Sí, ya atrapé al fantasma… —dijo entre murmullos. Su madre cansada y sin la paciencia como para interesarse en sus asuntos lo levantó a la fuerza y le ordenó cambiarse. Satoru talló sus ojos y se estiró, recordó que ahora tenía otro motivo para ir a la escuela. Se arregló de inmediato.


👻


Nanami desayunaba al lado de su padre quien le hablaba con el mismo tono serio de siempre.

—Van a darme un ascenso en el trabajo.

—Esa es una buena noticia. ¿Tendrás más trabajo?

—No exactamente. En realidad podré tener a alguien que me ayude. Ahora soy director en la empresa, tendré un mejor sueldo y… tiempo para ti.

Nanami asintió. Sabía que había cosas que debían decirse como: “no te preocupes papá yo entiendo” o “me alegra que por fin tu esfuerzo sea reconocido” o “te extraño y te amo”. Su padre continuó la conversación.

—Yo sé que debería ser una sorpresa pero ¿qué te gustaría para Navidad?

Eso lo desconcertó. ¿Un regalo? Su padre nunca le había preguntado antes y curiosamente solía acertar, para su cumpleaños le regaló el mp3 así que no esperaba nada más.

—Por favor sé sincero. Pide algo que quieras, lo que sea.

—¿Lo que sea? Me gustaría una guitarra eléctrica… —dijo porque más allá de decirle que lo necesitaba a él… bueno no podía demandar tanto, no a su padre que contrabajos vivía. Lo menos que quería era ser una molestia más. Así que quizás ese objeto, aunque sabía que era irreal, le recordaría que lo amaba. De inmediato puso los pies sobre la tierra, sabía que… no podía ser posible. Tomó sus cosas y con la misma frialdad de siempre se despidió.

—Gracias por el desayuno. Puede ser cualquier regalo, suerte en el trabajo. Llegaré algo tarde porque pasaré a ver a Yu para darle los pendientes… nos vemos en la noche. Yo… te amo.

Y huyó antes de que la incomodidad lo invadiera. Comenzó a caminar mientras escuchaba en sus audífonos Knockin’ On Heaven’s Doors de Guns n’ Roses. Y al llegar a la escuela, cuando estaba por entrar, quitó sus audífonos y escuchó su nombre en aquella voz que comenzaba a provocarle migraña cada que la escuchaba.

—¡Hola Nanami!

Satoru venía corriendo, esta vez no traía su bicicleta debido a que arreglarían los frenos y su padre lo había pasado a dejar. Nanami apresuró el paso, aunque escuchara que seguía llamándolo. Un poco más atrás venían Shoko y Geto y ambos vieron cuando Satoru se resbaló y no pudo alcanzar a Nanami. Se acercaron, aún estaba en el piso.

—Tienes mala suerte o el destino no quiere que hables con el tipo de primero —le dijo Geto. Satoru se puso de pie era como si nada le hubiera pasado.

Durante toda la mañana Satoru había estado encontrándose de lejos con Nanami pero no siempre le hablaba. A Geto le parecía… sorprendente porque él ni siquiera notaba su presencia. Cuando fue hora del almuerzo en lugar de ir a la azotea Satoru dijo que iría por Nanami para que comieran juntos.

En su cabeza no existía la posibilidad de que para Geto y a Shoko el hecho de que entrara alguien nuevo en su reducido grupo de amigos les causara conflicto. Ellos no dijeron nada porque les parecía raro que lograra convencer al de primero, el poco tiempo que ellos convivieron con él… bueno, sólo hablaba lo necesario era demasiado reservado incluso para ellos que eran reservados. Satoru buscó a Nanami pero… no lo encontró así que tuvo que regresar.

—¡Ya resolví el misterio del fantasma! —les dijo mientras comían.

—¿De verdad? Dime que lo captaste en foto.

—¿Foto? Ah no, no es necesario yo lo vi con mis propios ojos.

—Necesitas pruebas para que otros te crean —interrumpió Geto— por eso llevabas la cámara creí que lo habías entendido.

Satoru desdeñó.

—No necesito eso. Yo voy a atrapar al fantasma y se los voy a traer.

Shoko y Geto se vieron y luego lo llamaron loco. Él se indignó pero estaba seguro de que se arrepentirían.

Después de clases Utahime lo obligó a ir a entrenar… eso ya se estaba volviendo un problema, a Satoru le fastidiaba mucho estar en ese lugar cuando podría estar escuchando a Nanami en la orquesta. Cuando lo dejaron irse a cambiar lo hizo todo tan rápido y salió corriendo del gimnasio sin siquiera prestar atención a Utahime.

Cuando llegó a las escaleras la práctica del club de música había terminado y ya todos comenzaban a bajar, él se sentó en el descanso y se preparó para escuchar al fantasma.

Unos minutos después de que la profesora se fuera comenzó a escucharse el sonido de la guitarra. Ahora que Satoru sabía que era una persona podía con toda confianza ponerse de pie, subir los escalones y llegar hasta la puerta y ver por la ventanilla. Allí estaba Nanami abrigado por la luz del atardecer tan concentrado en tocar Paradise City. Satoru permaneció largo rato observándolo con atención, no se había percatado de que hacía eso… cada detalle de lo que hacía lo repasaba con su mirada. Primero vio sus cabellos que caían sobre su rostro impidiéndole a Satoru ver sus ojos; luego su vista se deslizó hasta su mano izquierda que sostenía el brazo de la guitarra y se deslizaba con facilidad entre cada nota. Era algo sumamente hipnotizante. Satoru apartó la vista cuando Nanami cambió de canción. Una sola vez tocó Like a Stone y se quedó meditando, era hora de partir. Satoru se despegó de la puerta de inmediato y con sigilo bajó las escaleras. Allí esperó.

Nanami dejó la guitarra sin dueño y cerró el salón de clases. Mientras bajaba los escalones aún repasaba las notas con sus dedos. Hasta que vio al sujeto al final de las escaleras, éste… le sonrió de inmediato.

—Hola Nanami.

Y él… oh se había quedado petrificado… Ese sujeto… lo estaba siguiendo a todas partes. Por un momento se sintió molesto porque alguien intentaba acercarse a él y terminar con la paz a su alrededor… pero luego se dio cuenta de que: “él… ¿ha estado esperándome todo este tiempo? ¿Por qué?” Le apenaba un poco ahora porque quizás tenía algo importante que decirle y él ni siquiera le había contestado el saludo.

Satoru ya esperaba que, como todas las veces, el chico peligroso siguiera su camino y lo ignorara no esperaba nada en realidad. Pero Nanami se detuvo en lo alto, en el descanso de las escaleras, forzando a Satoru a levantar la mirada.

—Hola.

Por eso cuando Satoru lo escuchó hablar… su voz aceleró su corazón… y lo hizo titubear. “¿Ahora qué?”. Nanami ladeó su cabeza ¿le sucedía algo? ¿Acaso se le había fundido una neurona? Comenzaba a incomodarlo. Y ya estaba preparado para preguntarle qué quería cuando Satoru habló.

—Yo te atrapé.

Nanami levantó una ceja. No podía contestar, estaba aún más nervioso.

—Yo sé tu secreto —y sonrió.

Su sonrisa podía ser tomada como una burla. Poco a poco el entrecejo de Nanami comenzó a fruncirse “¿qué demonios?” Para comenzar ¿qué secreto? Pero… lo que más le molestaba es que parecía que ese sujeto quería molestarlo. Y claro había dicho que era amigo de los bully por lo que Nanami tuvo que actuar. Bajó uno a uno los escalones y cuando estuvo a su lado habló:

—Déjame tranquilo o te ira como a tus amigos.

Se dio la media vuelta y se fue. Satoru gritó:

—¡Pero ya te atrapé! Te acabo de decir que yo sé tu secreto…

Nanami lo ignoró. Satoru frunció su boca. ¿De verdad ni siquiera eso lo detuvo para que hablaran? Creía que era un tema interesante del cual comenzar a hablar. Vaya ese chico sí que era difícil de tratar.

Todo el camino a casa de Haibara Nanami iba pensando ¿a qué se refería aquel sujeto con su “secreto”? Nanami… no recordaba que estuviera guardando un secreto en la escuela… o en general. Que había golpeado bullys había sido tan escandaloso y por sus moretones aún presentes en su rostro eso no era un secreto aunque quisiera. Todos sabían que Haibara era su amigo y no tenía por qué esconderlo. No, de verdad no tenía ningún secreto por lo que ese tipo parecía que sólo lo quería intimidar. Pero incluso en casa de Haibara, mientras le explicaba lo que había entendido de fórmulas matemáticas, seguía con la duda.

Estaba por llegar a casa, las luces estaban encendidas señal de que su padre había llegado temprano. ¿De verdad? Asombroso. Al entrar no lo notó en la sala, su padre habló desde la cocina.

—Bienvenido ¿cómo te fue? Hoy cenaremos estofado.

—Me fue bien ¿y a ti?

—Bastante bien. Ya estoy en mi nuevo puesto. El nuevo jefe ha estado poniendo orden por lo que… la jornada laboral terminará antes. Estaré aquí a las 7:00 ¿qué te parece?

—Es muy bueno, papá. Me alegra que puedas descansar.

—Date un baño y luego bajas a cenar.

Nanami atendió. Dejó su mochila en su habitación y se metió a bañar. Al bajar su padre volvió a hablarle.

—Sobre lo que pasó el otro día… los sujetos que te golpearon ¿han dejado de molestarte?

—Hmmm, están suspendidos. Tal vez vuelvan para la próxima semana.

—Voy a hablar con algún profesor para externar mi preocupación.

—No te molestes. Si ellos me siguen molestando hablaré con el profesor Higuruma. Y si no me hacen caso los golpearé. Pero ese será mi último recurso estaré bien.

—Puedes decírmelo también.

—Lo sé.

Vaya esfuerzo por estar cerca de él. Nanami notaba que le costaba un poco de trabajo pero… le agradecía el acercamiento.

—Sobre la orquesta… ¿Habrá algún evento pronto para que pueda ir a verte?

—Aún no. Yo te avisaré.

—¿Qué instrumento tocas?

—Violín y guitarra acústica. Yu toca el piano. Es una orquesta de música clásica pero hablé con la profesora para saber si nos dejarán incorporar música más reciente para que sea menos aburrido.

—Entiendo. Tienen mi apoyo. Kento el viernes mi jefe organizó una cena en su casa… ¿vendrías conmigo?

Nanami asintió, suponía, por el tono de su padre, que era algo importante

Hablaron un poco más sobre lo que le agradaba a Nanami hasta que él tuvo que retirarse para terminar su tarea.


✨🎸✨

Muchas gracias por leer.

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Mr. Brightside - Capítulo 8

✨Paradise City✨  


Martes… ¿Caos? Satoru venía en la bicicleta y se encontraba de camino a Geto quien le pedía que lo llevara. Mientras iba sentado en la parte de atrás de espaldas platicaba con Satoru.

—¿Cómo te fue con tus papás?

—Me regañaron. Mi mamá me quitó mi play… Y creen que eres drogadicto.

Geto comenzó a reír.

—¿Es en serio?

—¡Sí! Me dijeron que tuviera buenas amistades. Que debo elegir personas que me lleven por el camino correcto y no que destrocen mi vida. Suguru deja de destruir mi vida.

—¡“Drogadicto”! —seguía riendo a carcajadas mientras mantenía el equilibrio y Satoru seguía pedaleando— Pero si sólo tengo expansiones en mis orejas.

—No lo sé, son raros. También me obligaron a seguir en el equipo de baloncesto.

—Si no quieres únete al de teatro y ayúdanos con la escenografía. Nosotros sólo hacemos eso, nos enfocamos en ello unas semanas antes de la obra y ya —balanceaba sus piernas para que Satoru perdiera el equilibrio.

—¡Deja de hacer eso! No puedo cambiar de club… ellos quieren que sea un buen jugador. Creo que… les emociona, bueno sólo a mi papá. No puedo defraudarlos.

—¿Eh? Bueno. Aquí para… ¡Satoru para!

Nanami venía entrando a la escuela por lo que tenía que guardar su mp3, detrás de él la escena era: Satoru levantando su mano y gritando su nombre.

—¡Hola Nanami!

Él por reflejo volteó, ah era aquel sujeto… ¿por qué lo llamaba y se acercaba? Nanami comenzó a caminar más rápido para evitarlo. Satoru aceleró.

—¡Satoru estás loco te dije que me bajes…!

Se aferraba al asiento trasero pero Satoru parecía muy empecinado en alcanzar a Nanami quien se hizo a un lado para evitarlo y cuando Satoru quiso parar… le fue imposible porque los frenos no servían. ¡¿Era en serio?! Fueron a caer a un arbusto.

Nanami vio por un momento la escena ¡¿qué carajos había sido eso?! Geto había caído encima de Satoru quien se quejaba porque había recibido todo el golpe. Nanami huyó porque allí venía un profesor y seguro los iba a regañar.

Al llegar al salón de clases Shoko vio que Satoru y Geto tenían su ropa sucia y raspones por todos lados. Geto estaba enojado por lo que cuando ella preguntó comenzó a quejarse.

—Está loco. ¡No frenó cuando le dije! Nos estrellamos en un arbusto.

Ella rio.

Y ese accidente sólo era el primero. Ahora cada que Satoru veía a Nanami a lo lejos gritaba su nombre pero algo le sucedía que impedía que llegara a él. Nanami presenciaba a veces sus accidentes. Primero Satoru había chocado con alguien más, también se resbaló en el piso mojado y se llevó a Geto con él; chocó contra una puerta. En clase de gimnasia le dieron con una pelota en la cara y de paso a Geto también. Era… un completo desastre. Geto estaba harto ahora se alejaba de Satoru mientras estaban en la azotea almorzando.

—Tienes mala suerte.

—Tal vez… ¿viste cómo me ignora Nanami?

—Ni siquiera te conoce ¿cómo va a hablarte? Estás loco, ya déjalo en paz.

—No lo veo con su amigo… tal vez está solito.

Shoko lo miró.

—¿Planeas adoptarlo como a nosotros? Tal vez no te soporte.

Tal vez Geto tenía razón Satoru debía presentarse. Después de la clase de física estaba muy motivado porque había pasado el examen con la mejor nota al igual que Geto, sólo que a éste le daba igual sólo lo hacía para no reprobar, así que se preparaba para salir corriendo al aula de música para hablar con Nanami y claro que iría con su prueba calificada en mano, pero Utahime había golpeado su abdomen para impedir que se fuera.

—¡Tienes entrenamiento, Gojo! Te llevaré.

Y ante la mirada de Mei Mei, la amiga de Utahime, Geto y Shoko ella se llevó arrastrando a Satoru a entrenar. Shoko se dirigió a Mei Mei.

—¿Ya le dijiste que lo mejor es que sea amable con él?

—Ella no quiere aceptar que le gusta.

Ambas levantaron los hombros, qué se le iba a hacer.

Satoru entrenó de mala gana y sin poder escapar pues Utahime estaba en la entrada cruzada de brazos. Ella sí que se tomaba a pecho lo de ser delegada y, aunque su carácter no le permitía aceptarlo, estaba disfrutando de ver a Satoru entrenar. Se cacheteó, ¡no podía estarle pasando eso! No él, no de todos los chicos él. Tan confundida estaba que cuando él terminó el entrenamiento y se acercó ella le dio otro puñetazo en el abdomen y se fue muy molesta.

—¡¿Por qué de todos tú?!

Fue lo que alcanzó a escuchar Satoru que no tenía ni la menor idea. Él tomó un camino diferente y llegó a las escaleras, esperó impaciente allí a que bajara Nanami para saludarlo, para presentarse, para pedirle que fueran amigos. Pasaron unas personas… no era él, luego otros… no eran él. Y al final, cuando ya casi no bajaba nadie, pasó la profesora Tsukumo.

—¡Gojo felicidades! La profesora de física me dijo que tú y Geto sacaron la mejor calificación. Qué bueno que demuestras que puedes hacer las cosas.

Él dio las gracias y se despidieron. Se quedó esperando, Nanami… no había bajado y ya no había nadie más en el piso de arriba pues la profesora ya había bajado. ¿No había ido a su club? Maldición eso no hubiera pasado si él hubiera faltado al entrenamiento, ni siquiera lo había visto practicar con la orquesta. Quizás… se había ido a casa temprano, vaya que triste. Sacó la cámara de su mochila aunque ya estaba desanimado, se sentó en el escalón ¿ya para qué subía? El maldito fantasma ya no aparecía y encima le dolía el cuerpo de tanto maltrato físico que había recibido en el día, las caídas además del entrenamiento con el equipo. Ya no quería seguir en el equipo de baloncesto. Hizo puchero y se quedó allí sentado un largo rato cuando le pareció escuchar un ruido. ¡Alguien había pasado sus dedos por las cuerdas de una guitarra en un movimiento simple! Satoru se quedó quieto y se le erizó la piel. ¡El fantasma! ¡Oh por todos los cielos! Su cuerpo se congeló por el miedo.

En el salón Nanami había conectado el amplificador y revisaba que tan afinada estaba la guitarra mientras la apoyaba en su rodilla. Puso el audífono en su oído y dejó que se reprodujera Paradise City de Guns N’ Roses y comenzó a imitar las primeras notas de una forma accidentada al inicio y regresando cada que podía, perfeccionando tras cada intento.

Satoru seguía en las escaleras hecho bolita, aterrado, no podía salir corriendo. ¡¿Pero qué carajos le pasaba?! Estaba ante lo que podía ser el descubrimiento del siglo: un fantasma músico atrapado en una escuela. Se puso de pie como pudo y subió las escaleras a toda velocidad y antes de llegar al salón paró, recordó que podía asustar al fantasma. Lentamente fue acercándose a la puerta preparando la cámara para el encuentro, puso su dedo en el botón y abrió lentamente la puerta.

Nanami intentaba imitar el solo de guitarra del inicio y sonreía, en éste intento le salía mejor. Se dejaba llevar intentando una y otra vez, cerrando sus ojos y moviendo sus pies para mantener el ritmo.

Satoru abrió la puerta por completo y presionó el botón de la cámara. Se quedó de pie, inmóvil, al notar que no se trataba de un fantasma sino… ¿del chico peligroso? No era que lo decepcionara no… en realidad… estaba quieto viendo la escena, viendo a Nanami intentar con tanta concentración pero torpemente repetir lo que escuchaba mientras la luz del atardecer lo iluminaba. Era… mucho mejor que encontrar un fantasma…

—Es… real.

Era lo que murmuró Satoru tan impresionado y feliz de que fuera una persona la responsable de lo que sus oídos escuchaban. Tal como la primera vez no podía… interrumpir lo que estaba pasando, dio un paso atrás tratando de guardar la calma. Nanami había dejado de tocar y él tuvo que esconderse por simple reflejo.

Nanami no se percató de que Satoru estaba allí, buscó otra canción una que ya había aprendido y comenzó a tocar Like a Stone de Audioslave, un cambio total. Y Satoru abrió los ojos y no pudo evitar asomarse. Esa era la canción que había escuchado aquel día. Sonaba diferente, mucho mejor, claro era porque Nanami ya la había aprendido y perfeccionado. Satoru no podía con la emoción, quería entrar pero irrumpir de esa manera sólo haría que Nanami dejara de tocar, lo único que podía hacer era espiarlo. Hasta que por estúpido había golpeado la puerta justo antes de que el solo de guitarra comenzara. Nanami levantó la mirada y paró por completo, ¿había alguien allí? ¿Había dejado la puerta abierta? La incertidumbre ya no lo dejaría seguir tocando. 

Satoru escuchaba que se movía así que como pudo y haciendo el menor ruido posible escapó cobardemente. Una vez estuvo fuera de la escuela se dio cuenta de que su corazón latía con fuerza, y allí, escondido detrás de un árbol, podía emocionarse.

—¡Es real, no es un fantasma, no me lo imaginé! Es… ¿él? —debía admitir que eso no se lo esperaba pero estaba bien con ello. Se dirigió a donde había dejado su bicicleta y se fue a casa.

Nanami todavía tuvo que guardar la guitarra en su estuche, cerrar el salón y pasar a la sala de maestros para dejarle las llaves a la profesora Tsukumo. De allí fue hasta casa de Haibara para pasarle los pendientes del día y quedarse a cenar, su familia siempre había sido muy amable. Cuando llegó a casa su padre aun no llegaba. Se sentó a hacer su tarea mientras escuchaba música.

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🎶Canción de referencia: Paradise City - Guns N’ Roses 




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Mr. Brightside - Capítulo 7

✨The Ghost of You✨


Nueva semana y… Nanami estaba ¿solo? Ese fin de semana los moretones de su rostro comenzaron a ceder, aún se notaban pero esperaba que ya nadie recordara el incidente. Pero… había algo más, el asiento a su lado estaba vacío, Haibara no había ido a la escuela y… él nunca faltaba. Pasaría a su casa para ver cómo estaba y llevarle los pendientes del día. Entonces, ese día sin nada más que llamara la atención de otros, podía estar en completa calma.
Mientras tanto Satoru… él parecía ser inmune pues lo veía en todos lados y siempre trataba de saludarlo pero algo lo impedía. Ya fuera una avalancha de compañeros, ya fuera Utahime correteándolo, ya fuera el mismo Nanami desapareciendo de la nada. Nanami se refugiaba en la biblioteca mientras escuchaba “Paradise City” de Guns N’ Roses e intentaba memorizarla. Como seguía en detención hasta el siguiente día no podría practicarla en la guitarra abandonada del salón de música.
Para ese día Satoru había vuelto a faltar a su entrenamiento, observó por la ventanita a la orquesta practicar una canción aburrida. ¡Y allí estaba Nanami! Lo vio en la fila de las guitarras acústicas y ni por un segundo pasó por la cabeza de Satoru que él fuera quien tocaba la guitarra después de que todos se iban porque… ya creía que se trataba de un fantasma y su sanidad mental dependía de eso. Aun así vio a Nanami practicar en compañía de los demás por un rato y sonreía. Bajó las escaleras cuando la práctica terminó. Esperó en el descanso como técnicamente todos los días, esta vez no podía contener su emoción se balanceaba de un lado a otro mientras veía a Nanami bajar.
Ver a ese sujeto allí desconcertó mucho a Nanami pero aun así puso su cara más antipática y no lo miró ni siquiera cuando le habló.
—Hola.
Nanami de verdad se preguntaba “¿Y éste qué quiere de mí? ¿Acaso es otro bully? Estoy harto, me está incomodando”.
—Hola Nanami.
Paró de inmediato y lo miró, estaban a la misma altura. ¿Qué había dicho? ¿Lo había llamado por su nombre? ¿Y ese sujeto de dónde lo conocía? ¿Por qué le sonreía tan estúpidamente? ¿Y por qué… le molestaba tanto? Ya sabía que era “el chico nuevo” ya no tan nuevo, pero ni su nombre sabía y estaba seguro de que nunca se habían topado más que en las escaleras. ¿Y ahora? Satoru habló:
—Te vi el día que golpeaste a mis amigos. ¡Fue asombroso!
¡Oh no maldita sea! Nanami quería esconder su cabeza, ¡que se lo tragara la tierra! ¿No se supone que ya era noticia vieja? Gruñó y simplemente huyó. Satoru volvió a confundirse ¿Lo ignoró otra vez? ¿Por qué lo ignoraba? ¿No le agradaba que le hubiera recordado a los bullys? Oh, ya entendía era porque dijo que eran sus amigos. ¡Metió la pata! Seguro pensaba que era uno más de ellos.
Bueno, ya qué, lo arreglaría después. Subió al salón y esperó al fantasma.

✏️

Nanami caminó en dirección a la casa de Haibara, primero iba enfadado por el encuentro con el tipo ese que sólo lo miraba, tenía ganas de soltarle un puñetazo en la cara; luego su enojo fue bajando y cuando llegó a casa de Haibara, su mamá lo recibió con la calidez de siempre y lo puso al tanto.
—Seguro te preocupaste porque Yu no fue a clases. El fin de semana fue con su padre de campamento y mientras conducían bicicleta Yu tuvo un accidente y se ha fracturado la pierna. El doctor nos ha aconsejado que se quede en casa las primeras semanas. Sube, está en su cuarto.
¿Qué? Wow que caótico. Claro, eso era típico en Haibara. Nanami subió a su cuarto. Haibara estaba en su cama con la pierna enyesada pero aun así le sonrió, estaba igual de feliz que siempre.
—¡Hola Kento! Lo siento metí la pata. Te iba a mandar mensaje pero… bueno, todo ha sido muy ajetreado. Pasa, siéntate.
Nanami atendió y se sentó en la cama.
—Te traje los apuntes de hoy. No irás en un tiempo puedo traerte las tareas para que no te atrases.
—Muchas gracias. Siempre puedo contar contigo. Tus heridas ya están sanando ¿y cómo va todo en la escuela? ¿Sigues en detención?
—Hmm… sólo hasta hoy. Todo está bien en la escuela.
—Ahora que no estoy podrás pasar completamente inadvertido como te gusta.
Lo decía sonriendo pero Nanami no estaba tan seguro de contestar la sonrisa. En realidad ya se había acostumbrado a que lo siguiera y lo extrañaba.
—Recupérate. Te veré mañana.
—Hmm me preocupa que estés solo… Aunque siempre quieres esa soledad creo que al final de cuentas es difícil sobrellevarla cuando ya has estado con alguien. Cuídate, el tiempo pasará rápido.
Nanami lo dejó. Sí, era cierto, pero en esos momentos se convencía de que… estaría bien.

🎸

Satoru había llegado a casa, se sentó frente al televisor en su habitación y se dispuso a jugar videojuegos. Después de un rato su madre entró a su habitación sin avisar lo cual hizo que Satoru se enojara.
—¡Oye existen las puertas! Respeta mi privacidad.
—Satoru ven a la sala tu padre y yo queremos hablar contigo.
¿Con él? Ah rayos… ¡no!
—Espera y termino este nivel.
—No me importa, ponle pausa o te quito la nintendo.
—No es nintendo… —dijo en tono de burla, luego vio su celular le había llegado un mensaje, era Suguru:
“Estás obsesionado con un fantasma y nos dejas solos en detención”.
Un nuevo mensaje:
“El entrenador quiere tu cabeza”. Satoru se rio y eso no le agradó a su mamá.
—¡A la sala!
Desconectó la televisión y le quitó el celular. Satoru se puso de pie enfurruñado y bajó a la sala. Allí estaba su papá… ¡oh no la charla incómoda! Se desparramó en el sillón.
—¡Siéntate bien Satoru! —le gritó su mamá—. Tu padre tiene algo que decirte. ¡Habla ya por dios, Satoshi!
Y los dejó solos.
—Podemos hacer como que hablamos… y nos evitamos la incomodidad, papá.
—Llamó el director de tu escuela. Dice que no has estado asistiendo a entrenar. ¿Me puedes explicar qué te pasa últimamente Satoru?
—Nada papá… es sólo que ya no quiero estar en el equipo.
—¡Pero te encanta el baloncesto! Eres el mejor del equipo. Están por entrar a un torneo, te necesitan. Es tu logro hijo no lo dejes ir por la pereza.
—No es pereza papá…
—¿Entonces? Nos preocupas. Siempre dicen que ésta es la edad difícil. ¿Estás teniendo malas amistades?
—¿Malas amistades? ¿Qué es eso?
—O es acaso que estás saliendo con una chica y por eso no asistes al entrenamiento.
Satoru entrecerró sus ojos, “¿qué?”. No podía decirle que en realidad estaba cazando un fantasma. Su padre siguió porque creyó que estaba dando en el clavo.
—Hijo, estás en una edad difícil. Muchas cosas comenzarán a llamarte la atención y entiendo que tengas curiosidad, hablaremos de eso. Es importante que elijas tus amistades, chicos buenos que no te creen problemas, que no te forcen a salir de clases o a ser tan rebelde. Debes mantenerte en el camino correcto. Entiendo que los romances de preparatoria son inevitables. Debes entender que lo importante es ver por tu futuro, por ello te hablaré sobre las relaciones sexuales.
¡Oh no! Satoru llevó sus manos a su cabeza y se desconectó, no estaba presente, se concentraba en el Satoru con un tamborcito que vivía en su cabeza, aww… vaya que era tierno chibi-Satoru, así que no escuchó nada. ¿Cómo le decía a su padre que estaba sólo persiguiendo un fantasma? ¡Qué no entendía que era importante un descubrimiento único! Al terminar la plática se sentía exhausto y muy incómodo, incluso su padre estaba incómodo. Satoru subió a su cuarto y se dispuso a estudiar, no quería que su examen reprobado de física fuera excusa para más problemas con sus padres.


✨🎸✨

Nota: Espero te haya gustado el capítulo. Esta parte me da algo de risa aunque no debería… porque para la trama necesitaba que Haibara no estuviera con Nanamin… entonces me imagino a mí misma rompiéndole su pierna :D. Haibara: ay mi piernita! (Pudo ser peor porque otra opción era transferirlo de escuela).

Muchas gracias por leer.

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Mr. Brightside - Capítulo 6

✨Somebody Told Me✨


Las palabras y las nuevas promesas de su padre aun rebotaban en la cabeza de Nanami. Él no estaba reclamando nada, de verdad, él comprendía que tuviera que trabajar tan duro para darle una buena vida. Él comprendía que ser adulto era una mierda. Desayunó con él aunque no hablara mucho, para Nanami pasar tiempo con él lo reconfortaba.
Lo único malo era que aún llamaba la atención en la escuela más ahora que había conseguido que Los Sabuesos desaparecieran. Aunque le parecía raro que todo estuviera tan tranquilo, Nanami creía que desataría una guerra con Los Plásticos pero ellos… no habían venido por él. Según los rumores tenían un asunto muy importante que tratar. Pero Nanami estaba lejos de ser visto como un “salvador” por toda la escuela, le agradecían, sí, pero eso no era lo que quería… él quería que lo dejaran tranquilo. Era muy probable que toda la semana fuera la novedad… esperaba eso y que no fuera una novedad hasta que desaparecieran los golpes.
Pudo ir al club de música. La profesora Tsukumo le devolvió su mp3 y le prometió que hablaría con los otros profesores y directivos sobre la propuesta de tocar música actual. Nanami no pudo quedarse a practicar unos minutos más, bajó las escaleras para dirigirse a limpiar los jardines.
En las escaleras Satoru subía para escuchar al “fantasma” tocar la guitarra y vio bajar a quien había apodado como “el chico peligroso”. Satoru no solía tener vergüenza así que… mientras Nanami bajaba a su ritmo y pasaba a su lado él lo miró fijamente por los moretones en su rostro. Ahora tenía curiosidad pero no le habló, recordó que estaba buscando a otra persona. Por su parte Nanami evitó siquiera mirar al sujeto que sin vergüenza alguna había visto su rostro.
¡Ya estaba harto!
Se encargó de recoger hojas de árboles junto con Getou y Shoko aunque ellos no le dirigieron la palabra y trataron de verlo lo menos posible, sabían que era incómodo ser el centro de atención. Sólo se hablaban si tenía que ver con la labor… así fue toda la semana. Satoru iba a aquellas escaleras, se quedaba en la planta baja y cuando terminaba de escucharse la orquesta veía uno a uno a los alumnos bajar y hasta que parecía que no faltaba nadie más comenzaba a subir las escaleras y en el descanso se encontraba con “el chico peligroso”.
Esperó sólo para verlo bajar y no se molestó en disimular que le llamaba la atención. Nanami había notado que lo miraba, incluso cuando el sujeto usaba lentes negros. Al pasar a su lado también lo miró pero fijamente y con frialdad, con sólo eso, sin necesidad de hablar, le había dado una clara advertencia: “qué demonios me ves?”. Satoru aprovechó ese momento de interacción para sonreír, pero cuando notó que el otro estaba enojado no pudo ni decir “hola” o preguntarle su nombre. Nanami se fue y Satoru se quedó en el descanso de las escaleras aun tentado por bajarlas, saludarlo y decirle: “estuvo genial cómo golpeaste a todos mis amigos”, sonaba raro pero así había sido… y Satoru era sincero ese chico le parecía interesante. Pero… tenía otro asunto que resolver, y desde luego que descubrir un fantasma era mucho más importante. Notó que la profesora Tsukumo bajaba las escaleras y traía en manos las llaves, había cerrado el salón.
—Espero estés estudiando, no olvides la prueba o mandaré a traer a tus padres.
Satoru sonrió, claro la prueba… la había olvidado pero eso no se lo dijo a la profesora y cuando ella desapareció subió corriendo las escaleras y se asomó al interior del salón por la ventanita de la puerta. Hmm… estuvo allí un largo rato incluso se quitó los lentes.
Ya se había creído que en verdad era un fantasma pues de tanto pensar y pensar por las noches en el asunto le parecía que era lo que más encajaba, aunque también esperaba que fuera una chica. Pero ese día… el fantasma no apareció. Estuvo allí largo rato hasta que comenzó a atardecer. Ya le parecía que no funcionaría. Bajó las escaleras para encontrarse con Getou y Shoko pero incluso ellos se habían ido, volvió a casa en su bicicleta.

🎸

Al día siguiente antes de salir tomó la cámara digital de sus padres esperando que con ella pudiera captar algo. Como ahora tenía una motivación más para estar en la escuela también estudiaba unos minutos para las pruebas y tenía listos los pendientes. Sus padres lo notaron extrañamente feliz mientras desayunaba a toda prisa, por su emoción no alcanzaba a escuchar la plática de su madre a su padre.
—Tal vez le gusta alguien.
—¿De verdad? —contestó su padre incrédulo.
—Sí, es la edad donde las chicas comienzan a interesarle de más. Debes tener esa conversación ¡ya!
Satoru se levantó para irse impidiéndoles hablar de “eso”. Mientras iba de camino a la escuela en la bicicleta evitaba a los otros estudiantes que iban a pie, incluso evitó a Nanami quien tampoco se fijó en él.
Ahora que sus caminos habían coincidido una vez… esas coincidencias no terminarían de pasar pues sin querer Satoru lo veía a lo lejos en los pasillos junto a Haibara. Era como si Nanami tuviera una maldición que obtuvo al alterar el orden por ser “el emo que golpeaba bullys…”, así lo llamaban sus compañeros. Esa maldición le daba visibilidad ¡y él odiaba que lo llamaran emo!
Entonces… Satoru decidió que durante el día descubriría el nombre de quién era “el chico peligroso”. Estaba con Shoko y Getou en la azotea.
—¿Ustedes no saben de qué clase es el chico que golpeó a los Bullys?
Ambos lo miraron y fue Getou quien contestó.
—No sabemos cómo se llama pero está en detención con nosotros, limpiamos los patios. Creo que es de primero… la clase “A” tal vez.
—¡Genial! Al menos ya sé algo.
—No lo molestes, no vaya a terminar golpeándote.
—No me golpeará, no lo estoy amenazando. Mira traje la cámara para sacarle fotos al fantasma del salón de música.
Getou y Shoko se rieron de él.
—¿Es en serio que creíste lo que dijo Shoko?
—¡Eres un idiota! —ella se rio a carcajadas.
—Lo pensé —dijo Satoru para justificarse y lo dijo con seriedad— es lo único que concuerda. El salón se queda cerrado después de que la señorita Tsukumo se va ¿qué más puede entrar allí si no es un fantasma? Ayer fui a ver… pero no había nada.
—¡Lo asustas! —Shoko decidió seguirle la corriente y Getou se reía porque Satoru le ponía atención—. ¿Qué no has visto en foros que a los fantasmas los debes esperar? No los fuerces a salir, sé paciente.
Satoru tomó nota mental de ello ¡sería paciente! Getou le quitó la cámara.
—Úsala para algo mejor, tomémonos una foto.
Los tres se juntaron y sonrieron lo mejor que pudieron a la cámara, la primera vez no salió, la segunda estuvo muchísimo mejor.
Ese día Satoru había decidido faltar al entrenamiento así que se había quedado en la planta baja a esperar a que terminara de ensayar el club de música. Se estaba aburriendo pero era bastante terco. Cuando terminó la clase en las escaleras volvió a encontrarse con “el chico peligroso que bajaba”. Nanami pensó: “¡otra vez este sujeto me está viendo! Ya supéralo amigo”. Ya fastidiado lo volvió a mirar con desagrado mientras permanecía dos escalones arriba, pero Satoru parecía ser ya inmune a eso, le sonreía de oreja a oreja.
—¡Hola! —¡le habló! esperaba su contestación pero Nanami sólo desvió su mirada y siguió su camino. Si no le contestaba… era mejor.
Satoru parpadeó… ¿lo había ignorado? no estaba molesto sólo extrañado de que lo hubiera ignorado, nadie lo ignoraba. Quizás si sabía su nombre… ya no lo ignoraría.
Subió las escaleras y esperó pacientemente al fantasma. Primero pegado a la ventana, después sentado en el suelo alejado de la puerta. De verdad que estaba siendo paciente ¡ese era su mejor esfuerzo! Cambiaba de posturas mientras estaba en el piso, pasaba de estar sentado a acostado, luego con sus piernas recargadas en la pared, luego simplemente desparramado quejándose. ¡Nada… no estaba! Era mejor irse mañana volvería a intentarlo. Regresó a casa para hacer tarea y luego intentar dormir pero en realidad… sólo pensaba.

👻

Al día siguiente de nuevo la misma motivación y su padre ya estaba frustrado por no poder hablar con él, no sabía nada de su vida y lo poco que sabía es que su amigo lucía como un vándalo. En el almuerzo Satoru salió corriendo de su salón para ir con los de primero donde fue bien recibido pues chicas que ni siquiera conocía lo saludaban y luego escapaban sonrojadas. Pero él… él esperaba a que saliera “el chico peligroso”, y allí estaba saliendo entre toda la bola de sus compañeros camuflado junto con su amigo. Satoru quiso hablarle pero estaba lejos y las personas no lo dejaban llegar a él. Se acercó al salón de clases y habló con unas de las chicas.
—Hola.
Su saludo hizo que ellas entraran en pánico, ¿cómo un chico tan guapo les estaba hablando? Contestaron “hola” titubeantes.
—Quisiera que me contestaran una pregunta. ¿Cómo se llama su compañero el rubio que tiene moretones en el rostro?
Las chicas se miraron entre sí, sabían a quién se refería… giraron sus cabezas para buscarlo pero no estaba. Bueno sí lo habían visto últimamente pero… no recordaban cómo se llamaba. Hicieron un esfuerzo y parecía funcionar.
—Su apellido es Nanami… lo siento es lo único que recuerdo del chico que siempre está con Yu-san
Esa información parecía ser suficiente, Satoru agradeció.
—¡Gojo! —esa era Utahime– ¡¿qué haces hablando con chicas de primero?! Déjalas en paz… ¿Gojo a dónde vas?
Satoru huyó a la azotea. Llegó gritando:
—¡Ya sé cómo se llama, ya sé cómo se llama! —Shoko y Getou se miraron entre sí y le preguntaron de qué rayos hablaba—. Del chico peligroso. Se llama Nanami.
Ellos volvieron a verse entre sí, Getou lo regañó.
—¿Fuiste a su clase y preguntaste su nombre? —Satoru asintió— ¡Eso se llama acoso Satoru déjalo en paz!
—Ahora agradezco porque podremos llamarlo por su nombre en detención —hizo la aclaración Shoko.
Cuando volvieron a su salón Utahime esperaba a Satoru sumamente enojada.
—¡Gojo te he estado buscando! Hoy les toca a ustedes el aseo del salón, no se van a librar. Y a ti te ha estado buscando el entrenador porque has faltado a la práctica. Dice que te presentes hoy sin falta.
Satoru hizo puchero, odiaba que lo obligaran a hacer algo. Los tres se quedaron a hacer el aseo del salón y mientras Satoru sacudía los borradores se acercaba para sacudirlos enfrente de Utahime y hacerla enojar. Al poco rato el salón sólo era ella corriendo detrás de Satoru para golpearlo.
Al terminar el aseo Satoru salió corriendo y Utahime aún le gritaba:
—¡No huyas, debo llevarte con el entrenador!
—¿Por qué no sólo le dices que tenga una cita contigo? —le dijo Shoko.
—No… ¡No quiero una cita! Lo odio… -se sonrojó parecía muy confundida.
Satoru llegó a tiempo, sí, a tiempo para capturar ¿al fantasma? No se topó a Nanami, él al parecer ya se había ido y tampoco pudo ver al fantasma porque el entrenador lo había encontrado y lo arrastraba al gimnasio en contra de su voluntad para regañarlo y advertirle que si no cumplía para el lunes llamaría a sus padres. Ese día había sido decepcionante pero… al menos tenía un nombre.

✨🎸✨


Nota: Muchas gracias por leer

✨🎶✨


🎶Canción de referencia: Somebody Told Me - The Killers.


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© 2022 ZAnka— queda prohibido modificar, plagiar, robar o repostear sin autorización este trabajo.

Mr. Brightside - Capítulo 5

✨Teenagers✨


Bien… Nanami había despertado y por suerte su nariz no estaba rota, dolía, claro que dolía, toda su cara dolía. Se miró al espejo… wow tenía un moretón en su mejilla de varias tonalidades, el labio roto y el tabique de la nariz morado e inflamado, ah, y claro sus nudillos morados. Ahora venía la pregunta del día: ¿cómo iba a explicarle a su padre eso?. Ayer no se percató porque había llegado muy tarde de trabajar… y Nanami esperaba de verdad que ahora no estuviera abajo. Al salir se dio cuenta que en la mesa estaba el desayuno con una nota:

“Tu favorito. Tuve que irme surgió una emergencia. Cenemos juntos”

¿Era esa una orden? Con lo desapegado que era su padre eso parecía. Dejó a un lado la nota, desayunó y salió para ir a la escuela.

✏️

Satoru ignoraba a sus padres que seguían peleando, terminaba de desayunar y desaparecía, ya ni siquiera se despedía.

—Satoru —lo llamó su padre— te llevaré a la escuela.

Él no tuvo de otra más que esperarlo. De camino su padre comenzó a hablarle…

—Ayer te fuiste solo. Me dijeron que tomaste la bicicleta, ¿pedaleaste todo el trayecto?

—Hjum —contestó, su padre notó que estaba… algo distante aunque en realidad Satoru tenía otras cosas en qué pensar que tener una plática tan… forzada con su padre.

—Te llevaré de ahora en adelante, sólo tienes que esperarme.

—No, gracias. No te preocupes, sé que tienes mucho trabajo. Está bien si me transporto en bicicleta, es divertido y no está tan lejos la escuela.

Su padre asintió. Satoru volvió a sus pensamientos, trataba de recordar la melodía que había escuchado en el salón de música.

—Hijo —oh no… lo había llamado “hijo”, eso significaba que se acercaba un sermón—. ¿Cómo te ha ido en la escuela? Ya es noviembre, han pasado dos meses desde que entraste. ¿Has podido adaptarte?

—Hmm sí, todo va bien… ¡oh! —se incorporó— ¡allí están Suguru y Shoko!

Su expresión había pasado de aburrimiento a felicidad, les gritaba desde el auto. Ellos voltearon, Shoko escondió el cigarro y Geto se había quedado congelado, no sabía qué hacer.

—De acuerdo papá, gracias aquí me bajo ¡adiós!

Aunque su padre quería seguir con la conversación padre-hijo Satoru se quitó el cinturón de seguridad y salió del carro para reunirse con Shoko y Geto, éste último saludó y sonrió al papá de Satoru. Demonios, lo había visto con expansiones en las orejas, eso le traería problemas.

El hombre levantó las cejas pues su hijo tenía amistades extrañas pero se ahorraría el discurso por ahora.

—¿Era tu padre?

—Sí… quiso traerme, al parecer quiere tener una charla incómoda padre-hijo.

—Suena a que la temida e incómoda conversación está por venir —dijo Geto. Satoru no lo entendió—, la conversación sobre cómo llegan los bebés.

Seguía sin entenderlo, Shoko tuvo que explicarlo.

—Suena a que tal vez quiera hablarte de sexo —le dijo Shoko y Geto se rio porque Satoru se tornó aun más incómodo.

—¿Y cómo por qué me hablará de eso?

—Precaución ¿quizás? para que no tengas hijos tan pronto. Y también porque los padres creen que no lo sabemos, que somos criaturas inocentes. El sexo es tan tabú que no les permite hablar de ello.

Geto tomó la palabra.

—Les asusta, creen que con mencionarlo nos corromperán e iremos a tener sexo todo el día. Pero su silencio nos dio la curiosidad suficiente para tener que aprenderlo por nosotros mismos. Mi padre me dio una caja de condones y dijo con seriedad “úsalos siempre”. Lo sé pero… tan ambigua fue su explicación y aun así fue incómodo. “¿Usarlos siempre?” qué carajos viejo.

—Bueno tu caso es simple, eres hombre. Hasta les enorgullece. Yo ni siquiera he tenido esa conversación con ellos, sólo… me dicen que me cuide de los chicos, como si fueran bestias que me fueran a comer. Le dan tanto valor a la virginidad que hasta pienso que debí venderla.

—Lo siento Satoru vas a pasar por la incomodidad de todo eso.

—¿Otra vez? Ya me es incómodo hablar de eso con ustedes.

Los dos lo miraron con perversidad y le dijeron al mismo tiempo “¿virgen?”. Satoru se sonrojó y ellos comenzaron a reírse. Después de burlarse de él Shoko le habló con desdén.

—¿De verdad? Creí que con tanta popularidad alguien ya te había “ayudado”. 

—¡Ya déjame! Sí he recibido declaraciones de amor pero no de eso.

—Tómate tu tiempo, no es que debas dejar de serlo como regla general para vivir. No le des tanta importancia y no cedas ante la presión sólo espera el momento y la chica, no quiero decir que debes amarla con pasión sólo elige con quién debe ser y déjalo que fluya. Como sea, la verdad es que todo es muy inesperado sólo piensa que no es un deber o vas a caer ante esa presión como lo hizo Suguru.

—¡Oye! Yo no te obligué a nada.

Satoru se detuvo “¿qué demonios?” ¿Qué hacía él con esa información?

—Yo elegí hacerlo ya no estés chillando. Y puedo decirte Satoru, ¡escucha! Nada ha cambiado en mí. Suguru también decidió. Fue divertido… ¿verdad Suguru?

—¡Deja de hablar de eso! 

Gritó Geto y Satoru se cubrió los oídos y comenzó a tararear para no escucharlos hablar de su desición mutua de tener sexo y aun asi seguir siendo amigos y no volver a repetirlo. Decidió cambiar de tema.

—¡Oh ayer vi algo asombroso!

—¿Te metiste al vestidor de chicas? —dijo Shoko.

—¡No! —les habló de cómo los cinco bullys de tercero y segundo habían sido golpeados por un chico cualquiera. Shoko y Geto se rieron.

—Sé que son tus amigos —dijo Geto— pero se lo merecen.

—A Suguru lo molestaban pero después de que casi los golpeara dejaron de molestar. Sólo son cobardes.

—¿Y quién los golpeó?

Satoru no supo contestar para serles sincero era la primera vez que veía al sujeto, pero la pregunta pronto sería contestada.

🎸

Nanami… bueno él cuando llegó a la escuela tuvo que lidiar con ser el centro de atención del día. Era inútil esconder los moretones en su rostro, habían llamado la atención incluso de sus profesores. Y el hecho de que comenzara a llamar la atención era como traer una flecha gigante que decía “este sujeto fue quien golpeó a Los Sabuesos”. Esa misma flecha provocó que en la cafetería, mientras Haibara compraba comida, Shoko y Geto lo vieran y después preguntaran a Satoru quien lo confirmó.

—Sí, él es —y se rio porque recordaba a ver visto a algunos de sus compañeros bullys golpeados, y vaya que les había ido mal. Geto y Shoko no podían creer que ese chico de primero hubiera podido solo contra los bullys.

Nanami y Haibara huyeron de allí y se escondieron en la biblioteca. Maldición Nanami ni siquiera tenía reproductor mp3 así que había escuchado todo el camino los comentarios de todos los compañeros. Haibara estaba en silencio, demasiado incómodo, pero tenía que enfrentar lo que había pasado.

—Gracias y lo siento… yo de verdad… lo siento Kento —inevitablemente había comenzado a sollozar por la frustración.

—Yu… —era de las pocas veces que decía su nombre— por favor no llores.

—Es que… —paraba para gimotear— por mi culpa te golpearon y yo no pude hacer nada…

—Oye… Yu, estoy bien, de verdad. Alguien debía decirles que pararan de insultarte.

—Ahora seguro te causo asco después de todo lo que dijeron… por favor no dejes de ser mi amigo.

—Yo no dejaré de ser tu amigo. No me importa lo que digan de ti o tu forma de ser —lo rodeó con su brazo para reconfortarlo, le dolía que alguien tan bueno como Haibara fuera lastimado de esa forma.

Después de saber que Nanami no lo veía con desagrado recuperaba su sonrisa y… bueno Nanami seguía con las consecuencias de su pelea porque durante la clase de historia el profesor Higuruma lo había visto. No dijo nada durante la clase pero sí al final.

—Kento Nanami. Después de clases te veré aquí.

Y se fue. Claro que tendría que responder ante sus actos.

Ese día Haibara fue solo al club de música y la profesora Tsukumo preguntó desde luego por Nanami y muchos le dieron la respuesta: “está en detención con el profesor Higuruma”. Ella… no lo pudo creer, pero si Nanami era un buen alumno.

Y para suerte Satoru había llevado a Geto y Shoko a que escucharan ensayar a la orquesta y luego se quedaron a escuchar si alguien más tocaba la guitarra. Él estaba muy emocionado de descubrir la identidad del guitarrista.

—Satoru ¿de verdad escuchaste a alguien más? Parece que ninguno de ellos se queda después de su clase…

Señaló Geto.

—¡Pero yo lo escuché ayer! Y fue grandioso… hmmm.

Shoko habló con algo de decepción:

—Tal vez… era un fantasma.

Hicieron que Satoru dudara por lo que mejor desaparecieron de allí.

🎸

En detención Nanami estaba junto a los cinco bullys en silencio esperando el sermón del profesor Higuruma que… los veía como si pudiera saber cada uno de sus pecados. Finalmente habló.

—Ustedes… —se refirió a los bully— están suspendidos por dos semanas. Quiero ver a sus padres mañana. Váyanse.

Los cinco alegaron aunque sabían que era inútil negociar con él. Una vez se fueron Higuruma volvió a ver a Nanami. Había hecho una clara distinción, ya sabía del historial de agresiones de los bullys era lógico que los mandaría a suspensión. Pero ¿qué había de este chico? Lo que sabía de él le decía que había sido, desde luego, la víctima y no un agresor.

—No has recibido tratamiento médico. Vamos a enfermería.

Lo acompañó y después de recibir atención aun en ese lugar habló con él.

—¿Qué pasó?

A Nanami no le quedó de otra más que decir la verdad.

—Yo, me peleé con ellos.

—¿Por qué un alumno tan tranquilo como tú pulverizó a golpes a esos cinco? ¿Sabes que la violencia no soluciona nada?

—¿Y qué se supone que debía hacer?

—Contactar a un profesor.

—No había nadie. ¿Me va a decir que debía razonar con ellos?

—Sólo quiero saber por qué lo hiciste.

—Ellos ofendieron a mi mejor amigo. El nunca les ha hecho nada y lo llamaron “marica” llevan meses queriendo golpearlo ¡estaba harto! Muy… enojado. No podía dejar que lo lastimaran.

—¿Por qué no dijiste nada si ya llevaban tanto tiempo amedrentándolos?

—¿Decirlo? ¡Pero si todos lo saben! Perdone profesor pero… hay chicos que no pueden defenderse como yo que son víctimas de ellos y nunca dirán nada por miedo. ¿Qué cree que está mal aquí? ¿Nosotros que no hablamos… o ustedes que no pueden poner un orden?

Claro que tenía razón. Higuruma no sabía por qué carajos había dicho tan estúpidas palabras si… era obvio. El problema debía ser tomado en serio entre ellos como profesores y adultos quiénes debían prestar mayor atención y no sólo vivir asustados de los… adolescentes.

—Entiendo tu punto, Nanami-san, pero… golpeaste a tus compañeros. Entiendo que fue en defensa propia y por ello no voy a suspenderte. Pero por una semana estarás haciendo limpieza en los jardines junto a otros chicos de detención. Te llevaré a tu casa para poder hablar con tu padre y explicarle la situación porque es posible que no te crea.

—No se preocupe profesor mi padre me creerá porque nunca he sido problemático. Gracias por su apoyo.

Lo dejó ir, era lo mejor. Afuera del edificio, sentado en una jardinera, estaba Haibara esperándolo. Le preguntó cómo le había ido mientras caminaban juntos.

🎸

Nanami llegó a su casa y su padre aún no había llegado, se encerró en su cuarto para hacer su tarea mientras escuchaba música en un pequeño estéreo. Su padre llegó, le avisó que había traído pizza para cenar y cuando Nanami bajó… él se alarmó al ver los golpes en su rostro. Nanami vio por primera vez preocupación en él. Trató de calmarlo y explicarle, pero a su padre le costó trabajo aceptar que su hijo se había defendido y que no volvería a pasar. Pero verlo lastimado lo hizo comprender que… había estado mucho tiempo ausente. Lo abrazó.

—Lo siento, Kento. Lo siento tanto, perdóname.

✨🎸✨

🎶Canción de referencia: Teenagers - My Chemical Romance. Creo que queda bastante bien con lo que está ocurriendo.



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Mr. Brightside - Capítulo 4

✨Like a Stone✨


Satoru había despertado, le había costado bastante pues se había desvelado jugando videojuegos. Cuando bajó a desayunar estuvo presente para escuchar la pelea matutina de sus padres en el comedor. Su madre le reclamaba a su padre no prestarle suficiente atención; su padre… se quejaba de que estuviera haciendo una tormenta en un vaso de agua y los dos ignoraban a Satoru quien terminaba de desayunar y se ponía el saco del uniforme.

—Me voy a clases… —lo ignoraron— oigan me voy a consumir drogas… —lo ignoraron, sólo el ama de llaves lo miró con preocupación— oigan maté a alguien…

Volvieron a ignorarlo sólo le prestaron atención cuando necesitaron que fuera intermediario en la situación, sólo para darle la razón a uno de los dos. Él los miró con pereza ¿cómo les decía que creía que ambos estaban en un error? Ellos le reclamaron no tener interés en su familia y Satoru desdeñó.

—¿Me van a llevar a la escuela sí o no?

—¡Tu padre no se va hasta que resolvamos esto! —gritó su madre.

Satoru levantó los hombros, se despidió del ama de llaves, la única que merecía su atención y fue al jardín. Allí estaba el esposo de la ama de llaves.

—Joven Gojo ¿qué hace?

—Me voy a la escuela… —sacó del jardín una bicicleta—. Ya me cansé de depender de ellos. ¡Nos vemos!

Subió a la bicicleta. En el camino, mientras el aire peinaba su cabello, comenzaba a sonreír. A veces… ese tipo de cosas sencillas lo llenaba de alegría y energía. Llegó a clases después de saludar a media escuela en los pasillos. Tomó su lugar hasta las últimas filas donde estaba Geto mirando su celular con aburrimiento, estaba desparramado en su silla.

—Vamos a comer algo después de clases —le dijo Satoru.

—Claro… suena divertido. ¿Estudiaste para la prueba de hoy?

—¡¿Prueba?! ¿Había prueba? ¿De qué?

—Física… —no apartaba la mirada de su teléfono y se notaba que tenía mucha pereza hasta bostezaba y rascaba su cabeza.

—Uy pues no… ya fue.

A la hora del almuerzo Shoko los encontró en la azotea, ambos sentados en el suelo con su rostro expresando… extremo aburrimiento.

—¿Qué les sucede? —sacó un cigarro y lo encendió, perfecto para acompañar su comida.

—Nos morimos… —dijo Satoru.

—No pasamos la prueba de física y no sabíamos que era tan importante. Ahora nos escondemos de la tutora.

—Es una prueba, se supone que lo sea ¡dah! —le arrojó la cajetilla a Geto.

—¿Cómo te fue? —le preguntó Satoru, ella sacó el examen, era la mejor calificación.

Hizo que ambos comenzaran a quejarse y luego a burlarse de ella llamándola “cerebrito”.

—¡No era tan difícil! Deberían aplicarse un poco más.

—Ya voy mamá —se quejó Satoru—. Hablando de papás. ¿Vienes con Suguru y yo a comer? No quiero llegar a casa.

Geto lo miró con desaprobación.

—No entiendo por qué no te gusta estar en tu casa, tienes videojuegos. Mejor vamos a tu casa, nunca nos has invitado.

Satoru desdeñó.

—No, mis padres han estado peleando, no quiero escucharlos. Vamos a tu casa.

—No puedo fumar en mi casa.

—¿Qué te hace pensar que en la mía sí?

Discutían mientras almorzaban cuando la puerta que llevaba a la azotea se abrió y entró la delegada de la clase: Utahime Iori.

—¡¿Qué demonios hacen?! ¡No pueden fumar!

🚬

En la biblioteca cercanos a una ventana Nanami y Haibara almorzaban mientras compartían un audífono y escuchaban “Like a Stone” de Audioslave.

—Me agrada… ¿vas a aprenderla?

Nanami asintió.

—Sería bueno que la señorita Tsukumo nos dejara adaptar esta música a la orquesta.

Nanami no lo había pensado. Así que después del ensayo general de la orquesta ellos se quedaron al final y como siempre se acercaron a la señorita Tsukumo.

—Profesora —Haibara le habló, usaría su poder de convencimiento con ella—. Quisiéramos pedirle algo.

—Oh… ¿Otra vez van a quedarse a practicar? Admiro su dedicación. Haibara eres buen pianista ¿no quieres aprender a tocar otro instrumento? Y Nanami… bueno que puedo decir de ti parece que tu favorita es la guitarra pero también tienes mucha disciplina con otros instrumentos.

—Ah… sí —dijo Haibara— muchas gracias pensaré en qué otro instrumento tomaré.

—Cuando terminen pasan al salón de segundo para entregarme las llaves.

—Gracias pero hay algo más que quisiéramos decirle —ella escuchó con atención—. Quisiéramos saber si podemos adaptar estas canciones a la orquesta. ¿Tiene un momento para escucharlas?

—Oh… de verdad yo quisiera escucharlas pero… debo ir a segundo a hablar con dos burritos que no aprobaron un examen y dos que están en detención. Lamento que mis responsabilidades adultas no me permitan ayudarlos.

—Puede llevarse mi mp3 —dijo Nanami, le dolía dejarlo pero era por un bien mayor.

Ella aceptó y se retiró. Nanami fingió por un momento hasta que ella se alejó entonces sí se acercó a la guitarra eléctrica que solían tener abandonada en una esquina del salón con un pequeño amplificador y comenzó a practicar con ella.

🎸

En el salón de clases de segundo… estaban Satoru, Shoko y Geto siendo vigilados por la delegada de la clase. Satoru levantó la mano:

—¿Puedo ir al baño?

—¡No! —gritó Utahime— ¿Me crees estupida Gojo? Sé que te largarás.

Satoru bajó su mano y susurró: a veces creo que me odias…

A lo que Geto y Shoko dijeron: no te odia…

Utahime se sonrojó y les aventó un libro, No se suponía que debían decir eso. Tsukumo llegó para detener su agresividad.

—Puedes irte, Iori-san. Yo me hago cargo.

—Claro profesora —le entregó la cajetilla de cigarros y el encendedor. Shoko le dijo adiós a su encendedor estaba claro que no lo volvería a ver. Después de que Utahime se fue Tsukumo los miró con desaprobación un momento y comenzó con su sermón.

—¿De verdad chicos? A ver… ah…

—¡Usted también fuma no me diga nada! —gritó Shoko.

—¡Sí, pero yo soy un adulto y tengo problemas que evadir!

—Qué le hace pensar que nosotros no —susurró Geto. Satoru sólo se balanceaba en la silla a él no le iba el regaño. Tsukumo volvió a su sermón.

—¿Quienes fumaron? ¿Los tres?

—Satoru no —dijeron en coro Shoko y Geto. El tercero se indignó porque él planeaba quedarse en detención para no llegar a casa y librarse también de la práctica de baloncesto.

—Escuchen, yo entiendo que es una etapa difícil, porque, aunque no lo crean yo pasé por allí ¡y no hace mucho! Pero… éste no es el camino les hace daño y no los hace ver rudos ni rebeldes. Los dos se quedarán conmigo calificando y harán las labores extras. ¡Tengo que llamar la atención a ustedes dos también! —señaló a Geto y a Satoru—. ¡Reprobaron la prueba de física! y con ello están en peligro de reprobar la materia. ¿Qué sucedió? ustedes no suelen ser los que tienen malas calificaciones. Voy a tener que mandar una nota a sus padres.

Los dos no querían más problemas con sus padres. Trataron de negociar y Tsukumo aceptó sólo porque… no solían ser así.

—De acuerdo no mandaré una nota pero deben tener la máxima calificación para la siguiente evaluación ¡así que a trabajar! Gojo-san ya puedes irte el entrenador te está buscando. Y deben estar agradecidos de que yo soy su tutora y no el profesor Higuruma…

A los tres les dio escalofríos. Para ese punto ese nuevo profesor ya era considerado maldad pura. Satoru tomó sus cosas y se despidió de los dos, le parecía muy triste tener que dejarlos. Pronto su atención fue llamada ¿había algo de ruido en el pasillo? No, eso no era ruido, era música y venía del salón que usaba la orquesta. Se acercó al escuchar que alguien practicaba un arpegio tras otro.

Haibara había dejado de tocar el piano sólo para poner atención a Nanami quien sacaba a puro oído los acordes de Like a Stone, la había escuchado tantas veces que ya la había memorizado. Satoru se quedó un rato frente a la puerta de aquella habitación sólo escuchando sin el valor de abrir la puerta porque no quería interrumpir. Notó que alguien venía por el pasillo, era uno de sus compañeros lo habían estado buscando. Ya no pudo escuchar más aunque quisiera y fue hasta el gimnasio donde recibió el regaño del entrenador por no estar en la práctica. Cuando salió del gimnasio siguiendo a sus compañeros bullys, más por sinergia que por gusto, estuvo tentado a decirles si querían ir a comer algo pero… no quería pasar tanto tiempo con ellos comenzaban a molestarle. Pero… bueno no quería ir tampoco a casa así qué los invitó y lo que el bully 1 dijo fue:

—Claro… déjanos conseguir un poco de dinero y cubrir un asunto.

¿Un asunto? Satoru no sabía que se refería a: “darle una tremenda golpiza a Yu Haibara y su amigo el emo porque ya los tenían hartos”. Los siguió sí pero con mucha pereza y luego se distrajo con una ardilla en el camino.

Mientras tanto… Haibara y Nanami ya habían dejado las llaves en el salón de segundo donde estaba Tsukumo con Geto y Shoko y ahora llegaban a los casilleros. Haibara halagaba el talento que tenía Nanami para aprender algo tan rápido y él se sentía feliz aunque no lo expresara porque… lo había logrado. Su poca felicidad se vio opacada cuando vio a los bullys. De inmediato le vino una migraña.

Bully 1: suficiente, ¡me tienes harto maldito marica!

Se refería a Haibara, éste frunció el entrecejo.

Bully 2: ¿qué? Se ha borrado tu sonrisa. Ya nos tienes hartos, yendo de un lado a otro con esa sonrisa en tu rostro, con esa voz tuya tan castrante.

Comenzaron a burlarse cuando vieron que retrocedía, ahora sí Haibara sabía que no se podría librar de ello.

Bully 3: ¡no corras marica!

Nanami ya había llegado a su límite:

—Retira tus palabras.

Los cinco bullys se rieron.

Bully 2: ¿crees que nos asustas? ¿Por qué no vas y te escondes a llorar.

—Retira tus palabras.

—Kento… —la voz de Haibara temblaba por el miedo— no los provoques más.

Satoru había dejado de ver la ardilla al escuchar la risa de sus compañeros, se acercó y de camino notó que los cinco habían rodeado a dos alumnos.

—¡Oigan qué demonios hacen…!

Bully 5 hasta atrás: no te metas Satoru, ya lo hemos dejado pasar mucho tiempo. Si no cumplimos tal vez Raiden se enoje con nosotros.

 Bully 1: es lo que dijimos… un maldito marica ¿o crees que no lo sabemos? Sólo alguien así va por toda su vida con esa sonrisa estúpida y ese tono de voz castrante…

Satoru evitaría la pelea, claro, él defendería a esos dos… lo haría de verdad pero se había quedado congelado cuando el chico rubio le dio un puñetazo al Bully 1… y con facilidad evitó el puño del Bully 3 y también lo golpeó. Mejor dio unos pasos atrás, no creía que ese chico necesitara ayuda, y aunque quisiera, cuando el Bully 2 logró darle un puñetazo no pudo moverse. El chico rubio se veía aún más furioso al recibir tal ofensa, la furia le permitió continuar con la pelea y se sobrepuso aún cuando eran cinco contra uno. Para el asombro de Satoru los bully comenzaron a correr despavoridos prometiendo venganza. No podía creerlo… aquel chico que parecía inofensivo era tan buen peleador. No dijo nada, ni siquiera un “hola” sólo vio con atención al otro chico acercarse preocupado porque su compañero había sido golpeado.

Nanami… estaba aturdido quizás por todo lo que había pasado y por la ira, lo único que alcanzaba a hacer era… irse, irse antes de que lo vieran los profesores, ni siquiera reparó en el sujeto de pelo blanco en su camino. Acompañó a casa a Haibara y no aceptó su ayuda sólo… quería irse.

—Kento… lo siento mucho yo… —Nanami no le permitió seguir. Se despidió y se fue. Al llegar a casa por suerte su padre no había llegado, limpió la sangre ahora seca de su rostro y lavó la que se había quedado en la camisa blanca de su uniforme.

✨🎸✨


🎶Canción de referencia: Like a Stone - Audioslave. Esta canción… será bastante importante en todo el fic! Lo irán viendo poco a poco. Podría decirse que dentro de este universo es una de las canciones favoritas de Nanami y una de sus bandas favoritas, vamos que mi niño es emo pues! déjenlo tranquilo así lo quiero <3 Pero no sólo es la canción favorita de él sino de otros. Y estoy entendiendo la canción desde la perspectiva de alguien deprimido esperando a morir… y si han leído el manga… ustedes saben que la canción le va muy bien.


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Mr. Brightside - Capítulo 3

✨Wake me up when september ends✨


El viernes, Nanami agradeció que su padre volviera, así él pudo dormir un poco más después de desvelarse estudiando. No era que hablaran mucho los dos, pero sabía que lo quería. Después del desayuno partió a la escuela… El resto de la siguiente semana fue ¿pacífica? Evitaban a Los Bullys, comían en la biblioteca o en cualquier lugar alejados, escondidos. Como siempre se la pasaban alejados era muy poco común que se dieran cuenta de lo que pasaba en la escuela. Si Haibara no venía a Nanami con un chisme él no se enteraría, por ejemplo, que el nuevo de segundo año había tenido una riña ese viernes antes de salir y ahora se había llevado toda la atención de Los Bullys y Plásticos.

—¿Y cómo se llama? —preguntó Nanami mientras guardaban cosas en sus casilleros.

—Hmm… no me sé su nombre.

—Bueno… para la próxima que te den el nombre completo. Por ahora… gracias sujeto nuevo por darnos un poco de paz y espero sepas en lo que te has metido.

Haibara rascó su cabeza pobre del sujeto nuevo.

🎶

Mientras tanto el inicio de la primera semana de aquel chico nuevo.

 Al frente de la clase A de segundo año, a la vista de todos sus compañeros, la maestra lo obligaba a presentarse.

—Hmm hola —dijo con pereza y un poco de molestia— mi nombre es Satoru Gojo, estudiaba en Kyoto… me trajeron aquí. En este momento no me agrada absolutamente nada.

Y no era mentira, en ese momento odiaba a todos y todo. Él quería quedarse en su anterior escuela, el cambio había sido abrupto ¿a quién se le ocurre cambiar a su hijo a la mitad de preparatoria en el año que solía ser siempre el más decisivo, donde disfrutaría de sus amistades? Bueno como siempre sus padres le habían arruinado la vida y por eso estaba molesto, y aun más molesto fue que otros lo vieran como un alienígena por su aspecto. Escucharlos hablar de ello todo el día fue… abrumador: al comedor, a los pasillos, a deportes, a la biblioteca, a los baños… dónde fuera todos sabían de él pero no lo suficiente como para hablarle por su nombre o entablar una amistad.

Al día siguiente llevó consigo unos lentes oscuros circulares porque parecía que sus ojos llamaban demasiado la atención y argumentó, cuando le llamaron la atención, que debía usarlos por el sol. Decidieron dejarlo en paz, con que trajera el uniforme era suficiente.

Toda la semana comía solo y malhumorado, pronto también se notaba aburrido. Se le demandó pertenecer a un club y él sólo alargó esa decisión toda la semana. El viernes… mientras caminaba por el pasillo conoció a Los Bullys. Pero Satoru no sabía que vivían de molestar a otros, ni siquiera sabía lo peligrosos que eran y eso que solo eran Los Sabuesos. Él sólo había visto que molestaban a chicos de su grupo y… cometió el error de intervenir. Hubo golpes… Satoru había descargado su frustración pensando que eran sus padres en contra de la mitad de ellos y la adrenalina no le permitió darse cuenta de que sangraba de su labio y nariz.

Los llevaron a la dirección y citaron a su madre: una hermosa mujer que vestía elegante, a la altura de la clase social de la familia Gojo. Ella era una mujer estricta. Al llegar a casa le dio un sermón a su hijo que terminó en gritos y una rabieta típica de un adolescente.

—¡Necesito que me escuches! —le gritó Satoru.

—¡Necesito que me escuches tú! Entiende que esto es importante para la familia.

Su padre entraba, había llegado del trabajo.

—¡Satoru golpeó a cinco personas! —lo acusó su madre.

Y su padre… bueno él… primero lo miró con ¿asombro? que de inmediato cambió a desaprobación como si Satoru aún tuviera ocho años y de verdad lo lastimara su mirada, luego tomó una llamada y se fue al estudio bonito que tenían en la nueva y lujosa casa dejando a su madre con todo el problema.

—No te entiendo Satoru… hacemos todo por ti.

—¡Escúchame!

—¡Escúchame tú a mí! Vuelve a ocurrir esto y… ¡Satoru!

Le gritó pero éste fue a su cuarto, no quería escucharla más gritándole.

En la escuela el hecho de que Satoru enfrentara y cuestionara los actos de Los Bullys ya le había ganado un cupón a ser su nueva víctima.

Pero a Satoru no le importaba y Los Sabuesos-Bullys eran también cobardes, aunque él respondiera sus amenazas diciendo que los vería para resolver los problemas ellos nunca iban a su encuentro, si no había órdenes de Los Plásticos sus sabuesos no se movían y en esos momentos estaban tratando otros asuntos. Satoru de verdad esperaba en los pasillos solitarios o en la azotea para golpearlos pero… lo único que hacía era comer solo allí.

Así como ellos no le importaban tampoco le importaba los estudios o elegir un club. Toda esa nueva semana entre problemas con Los Bullys, sus padres que le pedían un poco de cooperación ahora que su padre había conseguido el mejor puesto de su vida, no le quedaba de otra más que adaptarse a la fuerza. Y tuvo suerte, en realidad demasiada pues tres semanas después de que llegara, y finalizando el mes antes de que Los Bully concretaran su plan de golpearlo, había sido reclutado por el equipo de baloncesto y sin duda había comenzado a brillar allí. Y es que Satoru se la vivía aburrido porque con poco esfuerzo podía conseguir lo que quisiera, el mejor en los estudios sin hacer mucho esfuerzo y ahora el mejor en baloncesto lo cual lo salvaba y lograba que comenzara a integrarse, lograba obtener la atención al menos de un Plástico: Naoya Zenin.

El equipo lo halagaba, el entrenador Yaga lo felicitaba y pronto comenzó a conocer la popularidad y con ello obtuvo la aceptación de Los Red Cowboys pues algunos de ellos pertenecían al equipo incluyendo a Naoya. Había una tregua.

Ahora Satoru podía sentarse con ellos y disfrutar de los privilegios de ser popular y darse cuenta que la atención era lo suyo. Pero… el baloncesto no le gustaba, ya lo había dominado y si no fuera por las amistades que le dejaba no seguiría allí… ah y claro la paz que le traía en la familia pues sus padres al saber que se destacaba en un deporte lo habían felicitado.

🎶

Entrando el mes de octubre… ya era toda una estrella en la preparatoria y por ende Los Bully de segundo año retomaron un viejo y mal hábito: molestar a Yu Haibara y su amigo el emo que no usaba delineador.

Pero volvamos a Satoru quien brillaba ¡y que bonito brillaba! y a pesar de que brillara tanto… Nanami jamás se había topado con él. Haibara sí, no le había hablado porque para este punto era un enemigo más, pero Nanami, quien no tenía interés en hablar con otros, y se escondía, siempre había tenido un camino opuesto a Satoru. Si Nanami iba a la biblioteca Satoru estaba en el gimnasio; si Nanami estaba en la clase de gimnasia Satoru estaba en el salón poniendo atención a la clase de historia; si Satoru iba a la cafetería Nanami y Haibara estaban escondidos en un rincón de la biblioteca comiendo o estudiando; mientras Nanami iba al club de música a ocupar su puesto de guitarra acústica Satoru estaba teniendo un partido contra otra escuela. Caminos completamente opuestos, al igual que sus gustos, pero que sin duda tarde o temprano coincidieron…

Como ahora Satoru era popular podía darse el lujo de adoptar un introvertido. Así que durante una práctica en el laboratorio de química tuvo que hacer equipo con los dos introvertidos de su salón: Suguru Geto y Shoko Ieiri. ¡Genial premio doble! Y después de hacer explotar, lo que fuera que estaban haciendo, se dio cuenta de que podrían ser buenos amigos.

A la mitad de Octubre Satoru iba y venía de sus amigos Plásticos a sus dos verdaderos amigos con los que prefería pasar la mayor parte del tiempo ahora escondido en la azotea del edificio platicando mientras Geto y Ieiri compartían unos cigarros que habían traído de contrabando.

✨🎸✨


🎶Canción de referencia: Wake me up when september ends - Green Day. Un buen ejemplo de que la letra no tiene nada que ver con lo que pasa en el fic.


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